A nivel nacional existen 500 mil casas urbanas formales que están abandonadas o invadidas.

Por: José Antonio Díaz

Fundador y Director General de Comunidades que Renacen: Provive y Fundación Tu+Yo

El fenómeno de la violencia que se expande por decenas de municipios del Estado de México también apunta a la vivienda, empujado por el abandono y la casi inevitable invasión.

A nivel nacional existen 500 mil casas urbanas formales que están abandonadas o invadidas. De estas, al menos 20% se encuentran en los fraccionamientos que se construyeron en terrenos aledaños a la Ciudad de México, en los que existen zonas en las que no hay servicios, ni transporte adecuados y que están en un proceso acelerado de deterioro comunitario.

Casi por un reflejo que responde a las características sociales de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, esa cifra, el 20%, aplica igual para el aporte económico de la región como para el fenómeno de la vivienda y la gran producción de casas de interés social se concentra en los municipios de Huehuetoca, Tecámac y Zumpango.

Es precisamente en estos municipios mexiquenses en los que se concentra la mayor parte del problema. Lo anterior quiere decir que en estos existen alrededor de 100 mil viviendas de interés social que fueron abandonadas por sus legítimos propietarios y que ahora son materia prima para un fenómeno complejo que en muchas ocasiones va asociado con la degradación social y la delincuencia: la invasión.

Viviendas invadidas

En los último ocho años, la empresa tijuanense Comunidades Que Renacen ha recuperado más de 8,000 casas que fueron abandonadas y en algunos casos que fueron invadidas en el norte del país.

Nos hemos dado cuenta de que el fenómeno de la invasión de la vivienda en municipios con altos índices de delincuencia, abandono y niveles precarios de servicios y de tejido social presenta un escenario ideal para la regeneración urbana con participación social.

Es por ello que hemos visto una gran oportunidad para iniciar este proceso en los municipios conurbados a la Ciudad de México y en ciudades con regiones metropolitanas con características similares.

Es necesario recordar que en el umbral del cierre del sexenio del Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto el país todavía afronta un déficit de al menos nueve millones de viviendas, lo que quiere decir que alrededor de 36 millones de mexicanos no cuentan con un domicilio propio.

De acuerdo con las últimas cifras sobre pobreza patrimonial para el Estado de México, hasta 2016 había 2.1 millones de mexiquenses que no contaban con una vivienda o que habitan una que no cuenta con servicios básicos, conforme a los últimos análisis hechos por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

El reto es mayor y la estrategia para abatir los índices de abandono y destrucción del tejido social en el Estado de México exige la participación de todos los actores políticos y sociales; desde los gobiernos estatales y municipales, pasando por el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (INFONAVIT) —probablemente el actor principal de en este proceso de regeneración— y, sobre todo, de las comunidades afectadas.

Vivir en el anonimato

El fenómeno invasión expulsa a los legítimos propietarios. Se genera una insana convivencia en la comunidad entre los invasores y quienes han hecho un esfuerzo notable para cumplir con el pago de servicios como predial, luz, y desde luego su hipoteca del INFONAVIT.

Vivir en el anonimato propicia un caldo de cultivo que mina la seguridad de las comunidades y abre la puerta al crimen a través de un espiral de degradación social y comunitaria.

Hay tres razones principales por las que la gente decide abandonar sus viviendas.

  • Perder la fuente de ingresos o cambiar de ciudad de trabajo es la más frecuente; en el Estado de México la tasa de desempleo es de 4.2%, por encima de la media nacional de 3.3%, de acuerdo con cifras del Inegi.
  • La segunda razón tiene que ver con la compra de una vivienda que no se tenía que haber comprado porque no responde a las necesidades de sus habitantes y deciden abandonarla.
  • La tercera está directamente asociada con el proceso gradual de abandono de los fraccionamientos; cuando se habita en medio de un conjunto habitacional en el que los vecinos se han ido y son reemplazados por invasores, el abandono de la vivienda pasa de ser una opción a ser una obligación.

Éste es un problema que tenemos que afrontar. Nosotros en Comunidades Que Renacen hace ocho años no recuperábamos casas que estuvieran invadidas, sólo apostábamos por las que estaban abandonadas.

En los últimos años hemos entendido que, a través del apoyo de una comunidad sana, combinando la reocupación de casas que lleva a cabo Provive con los programas de desarrollo comunitario de Fundación Tú más Yo, es posible recuperar las viviendas invadidas, mejorar las comunidades y principalmente generar plusvalía para los propietarios de esas viviendas.

Invertir en la regeneración urbana y social crea valor

Encabezar una de las iniciativas más importantes a nivel nacional que apuestan por la regeneración de los barrios y de las comunidades tiene un efecto casi inmediato en el valor de las viviendas que de otra forma permanecerían abandonadas o invadidas.

La plusvalía que Comunidades Que Renacen ha generado en los polígonos de regeneración urbana de Tijuana, Mexicali y Ciudad Juárez, medida y comprobada, es de 4 mil millones de pesos, cantidad que se reparte entre más de 40 mil familias beneficiadas por la plusvalía de sus viviendas.

Estas cifras son factores trascendentales para la sociedad, porque siempre escuchamos que se habla de las transacciones millonarias de los mercados de valores y de los grandes rendimientos de los fondos de inversión. Sin embargo, nuestra principal visión es: ¿cómo podemos medir el patrimonio más importante de la clase media, que es la que tiene acceso a los créditos de INFONAVIT, y que nadie se había preocupado por medir? Esto ya es un patrimonio que la gente puede reconocer.

Actores primordiales

Además de las comunidades de vecinos que son los actores principales, un jugador clave y esencial es el INFONAVIT, que es el dueño del 80% de las viviendas abandonadas o invadidas en el Estado de México.

Frente a lo que hemos construido en los últimos ocho años ahora queremos apostar por una nueva etapa y por eso esperamos a que la siguiente administración contemple diferentes esquemas de regeneración urbana con participación social, algo que ya conoce y opera el propio INFONAVIT.

Asimismo, consideramos clave el involucramiento de los diferentes gobiernos estatales, ya que tienen a su cargo el tema de la infraestructura y la seguridad. Desde luego los municipios, las ciudades que son la ventana de la prosperidad en México, es fundamental el involucramiento de los tres órdenes de gobierno en este esfuerzo colectivo por la recuperación del espacio público, comenzando por la vivienda.

La narrativa de la “vivienda” debe cambiar, es la hora de hablar de regeneración urbana con participación social. Es evidente que el próximo ejecutivo federal y su equipo son sensibles al tema y eso no puede ser más que una buena noticia para quienes hemos enfocado nuestros esfuerzos a ello. El presidente electo entiende una agenda pública que se negó en el pasado.

Urge rescatar a las comunidades de México; entender como un factor útil para quienes más lo necesitan el fenómeno de la vivienda usada; construir juntos una nueva manera de hacer ciudad, firmar en forma tácita y explícita este nuevo pacto por la vivienda y la calidad de vida de los mexicanos más vulnerables; es urgente la regeneración urbana de México.

Compartir: