La sustitución de especies puede ocurrir en diferentes puntos de la distribución y comercialización, desde la pesca hasta la venta en mercados y restaurantes

Cuando hablamos de peces, nos referimos a un grupo muy diverso de animales vertebrados —de hecho, uno de los más diversos—, representados por peces óseos u Osteichthyes — que tienen un esqueleto bien definido: atún, bagre, sardinas, etcétera—, y peces cartilaginosos o Chondrichthyes —con un esqueleto cartilaginoso, a excepción de sus dientes: tiburones y rayas—. Probablemente no todos sabemos esto cuando pensamos en comprar uno de estos ejemplares en el mercado, ni cuál es la diferencia entre una mojarra o un huachinango. Ahora, imagina que vas a tu mercado local para comprar robalo. Con confianza, compras los que se ven más frescos o los que recomendó el vendedor, porque no sabes mucho sobre peces, desconoces el aspecto de un robalo, o un huachinango, o de un mero… entonces ¿estás comprando lo que querías? En realidad, es difícil saberlo; incluso, es posible que el vendedor no sepa qué está vendiendo exactamente, así como sus proveedores de pescados y mariscos; o bien, puede usarse esta ventaja, y engañar al consumidor. A esto se le llama sustitución de especies pesqueras, cuando el nombre comercial del pescado no corresponde con el nombre científico de la especie. Además, no siempre ocurre por equivocación o ignorancia; también se hace intencionalmente.

Esto es sólo la punta del iceberg. La sustitución de especies puede ocurrir en diferentes puntos de la distribución y comercialización, desde la pesca hasta la venta en mercados y restaurantes. Podíamos estar pagando por comer un huachinango, o un marlin, pero nos dan alguna especie de menor valor en el mercado. El estudio de Oceana —hablaremos de esta investigación sobre la sustitución de especies durante la semana, más información en el enlace: https://bit.ly/2ULgEEC— demuestra que de las 383 muestras que analizaron, del 34 al 36% de sustitución ocurre en restaurantes, mientras que en supermercados es de 17%. Aunque esto no indica directamente que ocurre una sustitución intencional, puede ser un indicio. Si los vendedores continuamente cambian un huachinango por un bagre, para los consumidores puede parecer que siempre habrá huachinango en sus mesas, cuando la realidad puede ser muy distinta.

Para darnos una idea, la riqueza aproximada de especies —el número de éstas— marinas y de agua dulce en México es de 2,763 de peces, 1,755 de crustáceos y 4,643 de moluscos. Tan sólo de peces, México cuenta con 85% de la diversidad —variedad de especies— mundial. De todas éstas, la CONABIO reporta que 650 son de consumo humano, con 589 de origen marino.

Mercado de peces, Campeche. Adam Jones

La sustitución de especies puede alterar la percepción de la abundancia —cantidad de individuos de una especie en su ambiente— de las más populares. Esto tiene consecuencias graves en los ecosistemas. Las especies populares que son depredadores —huachinangos, pargos, robalos, etcétera— son muy solicitadas, por lo que sustituirlas con otros peces (a veces poco comunes) en un nivel inferior de la cadena alimenticia —usualmente presas que comen zooplancton, algas y otros invertebrados— resulta muy redituable. Esto implica pescar sin regulación tanto depredadores como presas, alterando la abundancia de estas especies. Si el depredador es ya de por sí poco abundante porque es muy solicitado en el comercio, al sustituirlo por algunas de sus presas en exceso, se queda sin alimento. Cabe mencionar que los ecosistemas no son sólo una cadena alimenticia, sino toda una compleja red donde las especies interactúan en varios niveles, y a veces, alterar uno solo provoca un daño masivo en el conjunto.

La sustitución de especies puede generar cambios en los ciclos de vida de muchas especies o en la disponibilidad de su alimento; esto puede dar lugar a que otras no tan abundantes crezcan y desplacen a las que consumimos. ¿Cómo combatirlo, a sabiendas de que hay otros problemas que afectan la pesca sustentable? Modificando las políticas que definen la regulación de la pesca.

Oceana propone un sistema de trazabilidad —procedimientos que permiten registrar e identificar un producto, desde su origen hasta su destino final— para evitar que ocurra este fraude comercial: 1) que el producto incluya información relevante en formato electrónico durante todo el proceso, 2) embarcaciones con un sistema de monitoreo satelital, 3) establecer lugares designados para el desembarque del producto, 4) incluir mecanismos de inspección y verificación en diferentes puntos de distribución del producto y 5) ofrecer información al consumidor para que pueda tomar decisiones informadas.

 

Fuente: Oceana

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