Hay muchas formas de hacer conservación, desde enfocarse en una sola especie hasta incluir grandes extensiones de agua y/o tierra, como las áreas naturales protegidas.

Cuando hablamos de conservación ecológica, nos referimos a evitar o mitigar la perturbación provocada por la actividad humana —por ejemplo, la tala de árboles, ganadería, urbanización, etcétera—. Hay muchas formas de hacer conservación, desde enfocarse en una sola especie hasta incluir grandes extensiones de agua y/o tierra, como las áreas naturales protegidas.

Foto: Eric Aguilar

Un recurso muy usado en conservación son las especies sombrilla —las que requieren grandes territorios para desarrollarse de forma natural, como el jaguar, el quetzal o la mariposa monarca—. La gran ventaja para la conservación es que, protegerlas —así como a su hábitat—, también puede favorecer la protección de todos los demás organismos que se encuentren en el hábitat de la especie sombrilla, tengan relación con ella o no. Identificar estas especies ayuda a establecer reservas para conservación o redes de conservación. Por ejemplo, el jaguar (Panthera onca) se distribuye desde el norte de México hasta el norte de Argentina; aunque su hábitat está fragmentado por la urbanización, se han establecido grandes reservas con corredores ecológicos —conexiones que permiten el flujo de organismos entre dos o más reservas.

En efecto, muchas áreas naturales protegidas se han establecido gracias a las especies sombrilla; sin embargo, como en el caso del jaguar, esto no siempre es efectivo. Muchos estudios han mostrado que proteger a una sola especie sombrilla para un área en particular, puede dejar de lado a otras especies importantes, que tienen otros patrones de distribución. Entonces, una sola especie sombrilla no es tan útil; la alternativa radica en considerar varias especies para tener una mejor visión del área que se busca conservar. Además, las personas que viven cerca de donde se distribuyen estas especies las conocen o están más conscientes de su importancia.

Concientizar a la gente sobre sobre especies en peligro de extinción es un reto. Porque no es tan sencillo enseñarle a una persona que siempre ha vivido en la ciudad —sea esta la Ciudad de México, Nueva York o Londres, zonas con alto nivel de urbanización—, la importancia de conservar a las abejas meliponas — muchas de estas especies de abejas son endémicas de las zonas tropicales de Latinoamérica—. Como alternativa a este problema, los estudios de conservación pueden tomar otro enfoque: que no sólo se consideren las zonas tropicales, grandes bosques templados, praderas… sino, que también se demuestre que las especies que habitan entre las poblaciones humanas tienen una gran importancia y que deben ser conservadas. Con ello se busca enseñar otra forma de ver la riqueza de especies que tenemos más cerca, y considerarlas como parte de nuestra vida cotidiana.

 

 

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