El 18 de mayo, la revista Science publicó una investigación en que señala que debido al calentamiento global, una gran variedad de insectos estarán en riesgo de extinguirse a finales de siglo XX. Las abejas, grandes polinizadoras, serán una de las especies más afectadas.

La investigación Narrowing pathways to a sustainable future apuntó que los esfuerzos para detener esta pérdida de biodiversidad no son suficientes, por ejemplo, uno de los objetivos más ambiciosos de los Acuerdos de París: disminuir el alza de la temperatura del planeta a 1.5 ºC, por encima del nivel registrado entre 1850 y 1900, época preindustrial, a diferencia del límite de 2 °C más ampliamente aceptado, lo cual podría reducir la cantidad de insectos afectados. Sin embargo, de seguir al ritmo actual, podrían perderse cientos de miles de diferentes especies; las plantas serían otras grandes perjudicadas, pues, los mamíferos y las aves pueden migrar y adaptarse mejor a los cambios climáticos.

Rachel Warren, de la Universidad de East Anglia, responsable de la investigación publicada, dijo que los resultados obtenidos son muy graves, pues los insectos tienen un rol importante en los ecosistemas y en el funcionamiento de las cadenas alimenticias.

Esta advertencia tiene un precedente. En octubre del 2017, un grupo de científicos de distintas universidades europeas previeron un “Armageddon ecológico”, en un estudio publicado en Plos One. La investigación concluyó que hay una gran disminución en el número de insectos en Alemania, y que ésta sucedía sin importar el hábitat, pues había menos insectos incluso dentro de reservas ecológicas. Pero los científicos no podían determinar si los animales morían a causa del cambio climático, por falta de alimentos, a causa de insecticidas o debido a una combinación de estos y otros factores.

La nueva investigación de Warren concluye que el calentamiento global impacta fuertemente la vida silvestre de planeta. Así mismo, la deforestación y la urbanización desmedida están acabando con el hábitat de estas especies, lo que acelera su disminución.

La solución propuesta por los científicos es que se comiencen a generar áreas verdes exclusivas para diferentes especies de insectos y plantas, y que éstas se encuentren verdaderamente protegidas del crecimiento urbano. Pues quizás, solo así se podría frenar la pérdida de biodiversidad en la Tierra.

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