Los edos. deben considerar la necesidad y derechos de los pueblos indígenas para que éstos continúen protegiendo recursos naturales.

De acuerdo con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR), las regiones que albergan la más intensa diversidad biológica de la Tierra son habitadas por pueblos indígenas. Los “17 biológicos”, es decir, los 17 países que tienen más de dos terceras partes de los recursos biológicos de la Tierra, son también los territorios de la mayoría de los pueblos indígenas del mundo (los “17 biológicos” son: Australia, Brasil, China, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, India, Indonesia, Madagascar, Malasia, México, Papua Nueva Guinea, Perú, República Democrática del Congo, Sudáfrica y Venezuela).

Existen, aproximadamente, seis mil culturas en el mundo. Entre cuatro y cinco mil de éstas, son culturas indígenas. El 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de los pueblos indígenas para poner sobre la mesa la importancia que estos tienen, y la falta de atención que sus derechos reciben.

Específicamente, en América Central, la cuenca del Amazonas, Asia, América del Norte, Australia, Asia y el África del Norte, la supervivencia física y cultural de los pueblos indígenas depende de la protección de su tierra y de sus recursos. Sin embargo, durante siglos, los pueblos indígenas han sufrido la desposesión de tierras o el traslado forzado debido la implementación de proyectos de desarrollo, actividades mineras y forestales y programas agrícolas que no los toman en cuenta. El reconocimiento de sus derechos de ocupación y la gestión de los recursos por parte de los gobiernos de las regiones que habitan, sigue siendo crítico para su sobrevivencia, pero desatendido.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en siete países de Centroamérica se ubican 80 pueblos indígenas diferentes, los cuales ocupan casi 40% de la región. Más de un tercio de las tierras ocupadas por pueblos indígenas se encuentra en territorios y aguas que los Estados han designado como protegidos.

Un estudio realizado para encontrar formas de fortalecer el manejo sostenible de recursos naturales afirma que estos ecosistemas se benefician de la presencia de comunidades indígenas. Donde viven las comunidades nativas se encuentran los recursos naturales mejor conservados.

México necesita la ayuda de sus pueblos indígenas

En México, la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas reconoció, en 2017, que los pueblos indígenas están perdiendo sus territorios y su biodiversidad, a pesar de que han sostenido una larga lucha para mantenerlos; grandes plantaciones forestales de monocultivos los desplazan de su territorio.

Las áreas de las que los indígenas son forzados a migrar, ya sea por proyectos económicos o para huir de la pobreza, los desastres naturales, disturbios sociales y políticos o la militarización, suelen sufrir daños ambientales considerables: varias especies de fauna y flora se han extinguido; ecosistemas excepcionales han sido destruidos, y corrientes fluviales y otras masas de agua han sido contaminadas intensamente. 90% de los ríos en México están contaminados, a pesar de representar áreas idóneas para desarrollar asentamientos.

Variedades vegetales comerciales han reemplazado a especies localmente adaptadas que se utilizaban en los sistemas agrícolas tradicionales, lo que ha conducido a un aumento de los métodos industrializados de agricultura.

Ayuda para producir suficiente alimento

La FAO considera a los pueblos indígenas socios valiosísimos en la lucha por la erradicación del hambre. Los pueblos indígenas a menudo cultivan especies nativas que se adecuan mejor a los contextos locales y son más resistentes a las sequías, a la altitud, a las inundaciones o a otras condiciones extremas. Más ampliamente extendidos en la agricultura, estos cultivos pueden contribuir a aumentar la resiliencia de las producciones agrícolas, haciendo frente a un clima cada vez más cambiante.

Ayuda para frenar el cambio climático

En los mares mexicanos, 59% del total de arrecifes coralinos —incluida la Gran Barrera de Coral Mesoamericano, 24% de los manglares y 71% de los pastos marinos— se ubican en las zonas de uso y ocupación de estos pueblos indígenas, así como el 94% de las zonas de anidación de tortugas marinas y el 18% de áreas de avistamiento de manatíes. Mantener estos ecosistemas como áreas protegidas, habitadas por grupos indígenas, permite su conservación, y, a la vez, la reproducción de especies marinas, el abastecimiento de alimento recuperado en zonas cercanas, y la captura de carbono.

En los bosques, de 2001 a 2017, México perdió 3.2 millones de hectáreas, las cuales representan una capacidad de fijación de 190 millones de toneladas de carbono. Sin embargo, existe evidencia de que las comunidades indígenas juegan un papel clave en la gestión de los bosques para reducir las emisiones de CO2, pero los gobiernos nacionales deben respaldar su esfuerzo decretando más áreas protegidas, y protegiendo las ya decretadas; los índices de deforestación fuera de los territorios indígenas y las zonas protegidas son cinco veces superiores en áreas desprotegidas. Las áreas conservadas actuan como una defensa efectiva contra la deforestación.

Protegerlos para que protejan al planeta

La FAO ha emitido recomendaciones para generar líneas de políticas y acciones que mejoren la gestión de áreas protegidas en conjunto con pueblos indígenas, entre ellas, que la intervención ambiental en territorios indígenas debe partir del reconocimiento de sus derechos sobre sus territorios y su autonomía para gestionar recursos naturales, lo que implica su participación protagónica en la toma de decisiones.

Los Estados deben considerar la necesidad de asignar recursos presupuestarios para que los pueblos indígenas en áreas protegidas cumplan con su conservación. En distintos foros regionales e internacionales, las organizaciones de los pueblos indígenas de Mesoamérica y el Amazonía, han expresado preocupaciones y demandas de pasar de la retórica a la acción reconociendo no sólo el valor de los territorios y recursos que los pueblos indígenas protegen, sino también sus derechos sobre los mismos.

José Graziano da Silva, director general de la FAO, afirma que “nunca vamos a lograr soluciones a largo plazo para el cambio climático ni lograremos la seguridad alimentaria y una mejor nutrición sin ayuda de las comunidades indígenas; tampoco lo lograremos si no garantizamos sus derechos como pueblos”.

Las formas y medios de vida indígenas pueden enseñarnos mucho sobre la conservación y el aprovechamiento simultáneos de los recursos naturales y la vida en armonía con la naturaleza. Reavivar estos conocimientos que tienen su origen en un patrimonio y legado histórico es esencial para hacer frente a los retos ambientales, de alimentación y de agricultura, hoy en día y en el futuro.

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