Este año, la ONU dedicó la conmemoración de este día a crear conciencia en contra del uso de plásticos no reutilizable: “Si no puedes reutilizarlo, rechazarlo”.

El 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, ha levantado su bandera contra el plástico este 2018. Una bandera roja. Este día conmemorativo fue creado por la ONU en 1972, con el objetivo de generar conciencia sobre la contaminación ambiental, y anualmente elige un tema que haya que atender con urgencia. Este año ha sido el turno de las toneladas de plástico que producimos y desechamos, causando un deterioro posiblemente irreversible en la naturaleza.

“O nos divorciamos del plástico, o nos olvidamos del planeta”, advierte la ONU en su portal de internet, y hace un llamado a ser más conscientes en la producción, consumo y administración de este material a través del lema: “If you can’t reuse it, refuse it” (“Si no puedes reutilizarlo, recházalo”).

La organización mundial publicó hoy el informe El estado de los plásticos20 páginas muy poco alentadoras en las que detalla cómo, desde la década de los 50, el plástico, “un material barato, liviano y fácil de hacer”, entró en un auge productivo que está lejos de disminuir —incluso está por crecer durante los siguientes 10 o 15 años—. Revisa las medidas que han tomado algunos gobiernos, empresas o personas alrededor del mundo para frenar la producción y el consumo excesivo de este material; analiza algunas de las consecuencias negativas de los desechos plásticos; busca alternativas como nuevas tecnologías, materiales o legislaciones exitosas que desemboquen en un uso menor del plástico.

Los datos de la ONU son escalofriantes. Para el año “2050 habrá alrededor de 12.000 millones de toneladas de basura plástica en los vertederos y espacios naturales”. La llamada de atención podría ayudarnos a modificar nuestro consumo de ciertos productos, los “más encontrados en el medio ambiente son, en orden de magnitud: colillas de cigarrillos, botellas de bebidas —un millón de botellas de plástico son compradas cada minuto—, tapas de botellas, envoltorios de alimentos, bolsas de plástico de supermercados, tapas de plástico, popotes y agitadores, otros tipos de bolsas de plástico y envases de espuma de poliestireno para llevar alimentos”.

Según el estudio, lo más perjudicial, algo que debería desaparecer, son los plásticos de un “solo uso”, los que se abren, utilizan y desechan, que están estrechamente relacionados con lo que la ONU llama “una cultura de usar y tirar”.

La problemática es profunda. De la producción anual de plástico, 13 toneladas acaban en los océanos, y por acción de las corrientes se desintegran en microplásticos. Esos minipedazos terminan siendo parte de la dieta de los animales y, por consecuencia, de la nuestra. Los estudios muestran que se han encontrado partículas “en la sal de mesa comercial, en 90% del agua embotellada y en 83% del agua del grifo”.

Aunque la responsabilidad es conjunta, “la mayoría de estos residuos se generan en Asia, mientras que Estados Unidos, Japón y la Unión Europea son los mayores productores mundiales de residuos de envases de plástico per cápita”.

Soluciones

Los gobiernos juegan un papel esencial en las soluciones a este problema. Las legislaciones deben enfocarse en disminuir el uso de plásticos no necesarios; en incluir gravamen a estos productos; en convencer a mayoristas y minoristas de limitar su uso, o hasta en controlar su producción.

Al día de hoy, más de 60 países se han unido a la prohibición de las bolsas de plástico y de la espuma de poliestireno (unicel), porque son visiblemente los más contaminantes. En el mundo se consumen 10 millones de estas bolsas por minuto (sí, comprando una bolsa de tela ayudas muchísimo a disminuir este desperdicio). “Si se ataran, las bolsas de plástico podrían envolver al planeta Tierra siete veces, cada hora”, según la ONU.

 

 

Ya hay precedentes positivos. Ruanda prohibió “la fabricación, el uso, la venta y la importación de todas las bolsas de plástico”. El papel ha sustituido al plástico y se crearon incentivos fiscales para que los negocios inviertan en reciclaje. Kenia también va en la misma dirección. China ha prohibido las vajillas de plástico y, de este lado del globo, la ciudad de Nueva York prohibió completamente el uso del unicel.

Las empresas también deben comenzar a ser más responsables. Aquí entra el modelo mixto entre los incentivos gubernamentales y la responsabilidad propia de la industria. Muchos materiales pueden ser sustitutos válidos del plástico. La ONU menciona tres: los polímeros naturales, los biopolímeros compostables a base de biomasa y los objetos reutilizables (como los hechos de cuero, metal, vidrio u otros materiales).

Por último se encuentra nuestra responsabilidad como habitantes del planeta. Podemos comenzar con negarnos a solicitar un popote o empaques plásticos cuando pedimos comida a casa, haciéndoles notar a los proveedores de dichos servicios nuestra inconformidad. Podemos limpiar playas y entornos naturales llenos de desechos, o cuestionar el uso del plástico en minoristas y supermercados; el objetivo es jugar un rol y hacernos escuchar.

Se recomiendan algunas medidas fáciles de llevar a cabo:

  • Separar los residuos para su reciclaje.
  • Evitar productos de un solo uso como cubiertos y popotes.
  • Evitar comprar productos con exceso de empaquetado.
  • Usar menos bolsas de plástico desechables.
  • Pedir a las empresas de entrega de alimentos que excluyan los cubiertos de plástico de sus servicios.
  • Optar por envases reusables para llevar alimentos y bebidas.
  • Descubrir las opciones locales existentes para reducir la huella de plástico.
  • Alargar la vida de productos y bienes en la medida en que sea posible, por ejemplo, dándoles otras utilidades.
  • Comprobar qué tan reciclables son los productos antes de comprarlos.
  • Aprender más sobre las alternativas al plástico.
  • Educar a amigos y familiares sobre la crisis del plástico.
  • Animar a las escuelas locales a educar a sus estudiantes sobre el plástico.

Quizá no sea posible eliminar todo el plástico del mundo, pero es urgente detener nuestro consumo desmedido, si no, tenemos hasta 2050 para acostumbrarnos a ver en el mar más botellas de plástico que peces.

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