Edición 38
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Opinión: Educación, medio ambiente y desarrollo sostenible

Fedro Carlos Guillén

El título de esta columna es exactamente el mismo que emplée en una colaboración para la Revista Iberoamericana de Educación Ambiental que escribí hace 21 años. En ese entonces, hablaba de algunas inercias que iban a contrapelo de los esfuerzos educativos en materia ambiental; la idea equivocada de que bastaba con la enseñanza de la ecología para inducir resultados, o que la educación ambiental era una disciplina más del conocimiento. Mi propuesta concebía a la educación ambiental como un cuerpo transversal que permea en las diferentes disciplinas formales como la biología, la historia, la economía o la sociología.

Con el paso de los años, ha sido muy claro que el nivel de información sobre el tema ambiental ha superado con creces a los sistemas de educación formales; programas de televisión, documentales, películas de ficción y numerosa literatura se han encargado de saturar a la generación de millennials con los problemas ambientales que enfrentamos. De hecho, numerosos estudios demuestran que, a pesar de su apatía, una de sus preocupaciones, que los diferencia de otras generaciones, es justamente la ambiental.

Bien, sabemos que la información no necesariamente genera una reacción. A pesar de todo este flujo cotidiano de imágenes y datos, enfrentamos numerosas muestras de que las reacciones ciudadanas son notoriamente insuficientes. La basura en las calles, el síndrome de “no en mi patio trasero” y en general la incivilidad que nos rodeas son muestra de ello. Parte del problema es que las premisas normalmente son consignatarias; instrucciones en las que no media una explicación adecuada de riesgos y beneficios, ejemplo de esto son “ahorra agua” o “separa la basura”. Estas campañas son inútiles y costosas en la medida en que no se integre en este mensaje las consecuencias de activar respuestas. La estrategia gubernamental en consecuencia se decanta por la vía del comando y control elevando las tarifas de cobro, ya que esa parecería ser la única manera de provocar una respuesta.

Hemos sido testigos en fechas recientes de las inundaciones de la Ciudad de México. El director del Sistema de Aguas, Ramón Aguirre, declaró que “30% del problema se debe a la basura que la gente tira en las calles y el tema del agua se convierte en prioridad cuando se convierte en un problema”. La respuesta ciudadana normalmente es de indignación con el gobierno y de burla posterior sin incorporar nunca responsabilidades propias, lo que se manifiesta como un indicador de nuestra pobre cultura ambiental.

¿Qué se puede hacer? Lo primero es traducir en acciones concretas problemas complejos; si hablamos de calentamiento global es menester que este concepto, vago e inasible, se nos ilustre sobre el tipo de conductas que podemos generar para contribuir a evitar el problema. Un segundo elemento es cambiar la percepción de que los esfuerzos educativos se deben concentrar en los niños. Los adultos somos lo que estamos utilizando energía y generando desperdicios, y en consecuencia deberíamos ser destinatarios de mensajes educativos por medios no formales. Un tercer elemento tiene que ver con la organización social. Ciudades como ésta tienden a generar un tema del predominio de la individualidad sobre los esfuerzos colectivos. No percibo un esfuerzo gubernamental para la organización de la ciudadanía sobre estos temas. Se podría argumentar que esa no es necesariamente su responsabilidad, pero ello no implica que no sea saludable que las autoridades se involucren activamente en la creación de ciudadanía.

Me permito concluir con las tres últimas líneas de mi artículo escrito hace 21 años y que, desgraciadamente, aún tienen vigencia: Éstas son sólo algunas de las inercias a vencer. Desde luego el problema constituye todo un reto que tiene que enfrentarse con propuestas imaginativas y viables que permitan una verdadera inserción de lo ambiental en el sistema educativo. De otra manera seguiremos produciendo generaciones de seres angustiados o indiferentes ante los problemas que viven, lo que proyecta un futuro completamente indeseable para todos.

 

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