Según una investigación de la revista PlosONE, la extinción del delfín rosado del Amazonas es inminente. Su población se ha reducido a la mitad en 10 años.

La extinción del delfín rosado (Inia geoffrensis), también conocido como boto, tonina, bufeo o delfín del Amazonas, es inminente, según una investigación, publicada en mayo pasado, en la revista PlosONE. En ella se argumenta que población se ha reducido a la mitad en los últimos 10 años. A pesar de ésta y otras investigaciones, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) incluyó al boto en la lista de animales con “datos insuficientes”, necesarios para medir el grado de amenaza al que están expuestos.

El delfín rosado vive en las vertientes y lagunas del río Amazonas, en la parte alta del río Madeira, en Bolivia, y en las cuencas del río Orinoco, que corre en Venezuela, principalmente, y en Colombia. En ocasiones, puede ser visto en las aguas dulces de Ecuador, Perú, Brasil y Guyana.

Esta especie está amenazada por el aumento de la contaminación en su ecosistema, producida por el mercurio, resultado de la extracción de oro en las minas cercanas, y por el creciente tráfico acuático en el Amazonas, pues muchos se lastiman con las hélices de las embarcaciones, que además generan contaminación acústica, la cual desorienta la navegación de estos cetáceos.

Por otro lado, los afecta la construcción de hidroeléctricas, la degradación de su hábitat natural, la tala y la deforestación de la selva amazónica. De hecho, es común que los delfines rosados queden accidentalmente atrapados en las redes de pesca, usadas ilegalmente en ciertas áreas protegidas, aunque de igual forma se les caza deliberadamente —en un estudio del 2014 realizado por Sannie Brum, investigadora del Instituto Piagaçu, en Brasil, descubrieron que los pescadores los mataban y usaban como cebo para atraer otros peces— o son capturados para tenerlos en cautiverio, donde pueden vivir hasta 30 años.

Inclusive, el esoterismo los perjudica. Algunos pescadores confirman el uso de sus muelas, porque se cree que facilitan el éxito profesional, o la extracción de sus ojos y la mutilación de sus genitales, para usarlos como amuletos amorosos.

Intentos para salvarlos

En algunos países se han tomado medidas preventivas para evitar la extinción del delfín rosado. En Perú, la norma Nº 26585 de 1996, prohibe cazarlos, procesarlos o comercializarlos. Y en Brasil, está terminante prohibido capturarlos. No obstante, la implementación y cumplimiento de estas leyes no siempre se ha llevado a cabo, debido a obstáculos como la corrupción o que los delfines son atrapados durante la noche en zonas poco accesibles.

La reserva Mamiraua, a 1500 km al oeste de Manaus, en Brasil, es una de las pocas regiones donde aún se conservan delfines rosados. Según un artículo publicado por el periódico La Vanguardia, de Cataluña, en 2015, en ese momento había tan solo 200 ejemplares, muy amenazados por la sobrepesca ilícita.

La fundación The Sense of Silence, especializada en el desarrollo de sensores acústicos para monitoreo de  especies animales, ha trabajado en Mamiraua durante 5 años. Su equipo de científicos instaló una serie de “oídos inteligentes” bajo el agua para vigilar a los delfines del Amazonas. A pesar de este esfuerzo, el Dr. Tony Martín, de la Universidad de St. Andrews, en Escocia, dice en la página principal del proyecto, que durante dicho periodo “han visto desaparecer la mitad de la población de su área de investigación”.

Distintas organizaciones señalan que, además de los proyectos científicos, es urgente generar distintas alternativas económicas para los pescadores ilegales, e incluir a las comunidades locales y sus necesidades con el fin de implementar estrategias de conservación efectivas.

Características del delfín rosa

Estos delfines de agua dulce, que habitan en la Tierra hace 20 millones de años, son muy distintos de los delfines marinos, se distinguen por ser rosados, aunque también los hay de color gris o café claro. Hasta la fecha, no hay una explicación oficial acerca del color de su piel, pero se sabe que varía con la edad, siendo los especímenes viejos los más rosas. Algunas teorías científicas consideran que puede ser una adaptación a la vida en el río o a la abundante presencia de capilares sanguíneos en la superficie de su piel.

La mayoría son casi ciegos debido a que habitan en aguas turbias, pero sus cerebros son mucho más grandes que los de los delfines marinos y más desarrollados, incluso tienen una capacidad mental 40% mayor a la de los seres humanos.

Cuando están completamente desarrollados pueden tener una longitud de 1.80m hasta 2.50m, y pesar hasta 200kg. Este cetáceo es un nadador lento, la velocidad promedio varía entre 1.5 y 3.2 km/h, pero es capaz de nadar hasta 30 km en un solo día, siempre mirando hacia el fondo en busca de comida.

Tienen dientes más puntiagudos y el hocico más largo que los delfines marinos, una característica que les permite pescar en el fondo de los ríos o entre las raíces de los árboles. Se alimentan de 43 especies de peces, cangrejos y tortugas pequeñas. Su dieta suele limitarse a moluscos durante la estación húmeda, pues las lluvias revuelven los cauces dificultando la caza de algunos animales.

En cuanto a su comportamiento, el delfín rosado es amistoso, curioso y sociable. De hecho, en la tradición amazónica, el boto es un ser mágico que en ocasiones “adopta forma humana y emerge del río para seducir a hombres y mujeres”.

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