La cacería, en especial la deportiva, ha sido un eje fundamental en la conservación del venado cola blanca en el norte de México.

Desde épocas prehispánicas, los mayas del sureste de México han dependido de la cacería de subsistencia para complementar su dieta básica. De hecho, aún hoy en las comunidades del trópico donde es difícil acceder a carne roja, la carne de monte juega un papel relevante, y el venado cola blanca es la presa favorita por excelencia. La preferencia por esta especie ha causado su explotación desmedida, y en ciertos del lugares del sur del país (Tabasco y Campeche) la ha llevado a la extinción.

Sin embargo, irónicamente la cacería, en especial la deportiva, ha sido un eje fundamental en la conservación del venado cola blanca en el norte de México, donde ha pasado de ser una mera tradición a convertirse en toda una empresa productiva capaz de generar recursos y, al mismo tiempo, preservar la riqueza natural de los ecosistemas.

Ambas formas de aprovechamiento se cruzan en el sureste nacional; en esa región existe una arraigada tradición de cacería de subsistencia y, al mismo tiempo, un emergente movimiento de cacería deportiva que busca posicionarse como modelo productivo rentable.

Experiencias opuestas

La cacería deportiva hasta ahora ha sido una actividad estigmatizada en México por un sector amplio de la población que carece de información suficiente y critica dicha práctica cinegética y la catalogan como “desleal”, ya que fomenta la muerte de animales para entretener a unos cuantos. Lo cierto es que la cacería es tan antigua como el hombre mismo, y en años recientes la variante deportiva ha fomentado la regeneración de hábitats —que por vocación se dedicaban a la ganadería— y la reproducción de especies, como el puma y el lince.

En el caso específico del venado cola blanca, la cacería deportiva se realiza a través de Unidades de Manejo y Conservación de la Vida Silvestre (uma), que al año reportan importantes ganancias en el norte del país. Sin embargo, en el sureste existen casos que carecen de las condiciones óptimas para el desarrollo de este modelo, impactando negativamente la conservación de la vida silvestre local, y mermando el crecimiento rural de las áreas donde opera.

Los factores para el fracaso de las uma en la región son de diversa índole. En primer lugar, sobresale la poca experiencia productiva de las comunidades, limitada a actividades de agricultura, ganadería y acciones extractivas (madera, semillas, animales), por lo que la administración de recursos naturales a largo plazo es poco conocida e implementada.

Se presenta también el nulo valor otorgado a los técnicos especializados en la materia, quienes no son considerados entre los gastos de operación, y los recursos destinados a asesoría técnica son pocos; así, el manejo de dichas unidades se encarga a personas que carecen de la experiencia necesaria, lo que resulta en decisiones erróneas que afectan la sostenibilidad de la misma.

Asimismo, mientras que en el norte las uma pertenecen a ranchos privados de grandes dimensiones, donde un solo propietario dispone sobre una extensión amplia, en el sureste casi todas se establecen en ejidos y tierras comunales sujetas a las opiniones de varios involucrados, lo que hace más compleja la toma de decisiones, y las ganancias generadas deben repartirse entre más socios.

En busca del éxito

Si bien los modelos de uma no han funcionado en su totalidad en sureste del país, recientemente se han creado nuevas expectativas para el aprovechamiento del venado, ya que a partir de 2013 se incluyeron las subespecies tropicales de cola blanca en el libro mundial de récords, en la categoría de caza deportiva del Safari Club International.

La relevancia de este hecho radica en que por primera vez los venados del sureste están cotizados dentro del mercado internacional de la caza deportiva y el turismo cinegético. Aunado a esto, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) publicó en 2014 la lista de especies prioritarias para la conservación en México, dentro de las cuales por primera vez en varios años se incluye al venado cola blanca.

El futuro de las uma en aquella región está en manos de sus dueños, por lo que es necesario que antes de que se generen nuevas unidades se trabaje en la capacitación de los encargados (en disciplinas vinculadas con administración, monitoreo, legislación ambiental, etcétera); además, debe garantizarse la existencia de fondos para la operación (sobre todo en asesoría técnica e infraestructura especializada), optimizarse los mecanismos de vigilancia (tasas de extracción, métodos de monitoreo de tendencias poblacionales) y definirse con precisión los indicadores de éxito, tanto ambientales como económicos.

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