Alberto Tinoco viajó al Golfo de California para investigar sobre el estado de una de las regiones más ricas y biodiversas del mundo. Ésta es su primera entrega.

Por Alberto Tinoco Guadarrama

“El mar de Cortés o Golfo de California es una porción de agua
larga, estrecha y muy peligrosa, donde hay tempestades de gran intensidad”.

John Stenibeck
Por el Mar de Cortés

Éste es un lugar “ferozmente lleno de vida”. Así describió al Golfo de California John Steinbeck, escritor y viajero estadounidense, en 1940, cuando inició una expedición a un sitio incierto del que poco o nada se sabía, y que después relató en su libro Por el Mar de Cortés.

Han pasado 78 años de aquella crónica de viaje y el Golfo de California aún sigue siendo ese lugar ferozmente lleno de vida.

El Golfo de California se ubica al noreste de México y está rodeado por los estados de Baja California Sur, Sonora, Sinaloa y Nayarit; una región visitada por más de dos millones de turistas al año. Es muy importante, pues se trata de un corredor marino que se ha convertido en refugio de casi el 40 por ciento de los mamíferos marinos del mundo y de un tercio del total de especies de cetáceos.

Además, cuenta con 17 pesquerías principales que recolectan al menos a 131 especies comerciales, como almeja, calamar gigante, camarón azul y café, jaiba, mero y robalo.

Foto de Alberto Tinoco.

La expedición

Abril está en sus últimos días. Viajo a bordo del M/V Storm, una embarcación de 56 pies de longitud, habilitada para expediciones fotográficas y buceo. Acompaño a investigadores de la Universidad Autónoma de Baja California Sur, miembros de la Coalición en Defensa de los Mares, y a un grupo de fotógrafos de naturaleza. El objetivo es recorrer el Golfo de California desde la Bahía de La Paz hasta Loreto, en Baja California Sur, y bucear tanto como podamos para monitorear a las especies locales.

Antes de zarpar, un buen amigo me advierte: “Está fría el agua, está verde y no vas a ver nada”. No es la mejor época del año para quienes hacen fotografía submarina, pero al menos voy con la esperanza de encontrar una historia que contar.

El encuentro del mar con el desierto

Navegamos rumbo a la Isla de Espíritu Santo.

La primera inmersión es en un sitio conocido como Los Islotes, donde una colonia de lobos marinos (Zalophus californianus) pareciera posar frente a la cámara. Se estima que la población del Golfo de California tiene más de 20,000 individuos dispersos en 40 colonias, 13 reproductivas y el resto de descanso. Me llama la atención un subadulto —un individuo que ya no es joven, pero aún no es adulto— porque tiene una marca alrededor del cuello, seguramente producto de un encuentro con una red de pesca.

Lobos marinos. Foto de Elizabeth Aguilar.

Cuando cae la tarde, llega la mejor luz para fotografiar las islas. De pronto, el capitán del barco nos grita: “¡Delfines en la proa!”.

Es común encontrarse delfines durante las travesías. En esta ocasión, según la tripulación del barco, que como casi todos en esta región, fueron pescadores, es un cardumen con alrededor de mil delfines (Delphinus capensis). Suponemos que siguen a otros cardúmenes de sardinas o macarelas. Nunca antes había visto un grupo tan grande de delfines, ni tal cantidad de crías saltando.

Nos aproximamos a Isla Cerralvo. Hacemos una inmersión en un sitio conocido como “La Reina”. El agua está turbia, hay una especie de nata densa y extensa formada por cientos de miles de alevines, larvas, huevecillos y microorganismos. Éste el principal alimento de muchas especies marinas, llamado en conjunto zooplancton. El arrecife rocoso está en plena actividad, con grandes agrupaciones de peces. Alcanzo a distinguir barracudas y pargos de buen tamaño.

Foto de Elizabeth Aguilar.

Volvemos a navegar; algo se mueve y salta en el horizonte, son mobulas (Mobula thurstoni), comúnmente conocida como manta diablo por sus “cuernos”. Todos corren por sus cámaras, se levanta un drone y dos buzos, que hacen apnea, se preparan para saltar al agua. Es difícil estimar cuántas son, pero deben ser más de 100 individuos. Las mobulas se persiguen y a punto del contacto, saltan. Podría tratarse de un comportamiento propio del cortejo o quizá solo se están alimentando, no sabemos.

A lo lejos, se distingue lo que parece ser el soplo de ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae). Probablemente son las últimas de la temporada invernal, que en el Golfo de California pueden ser vistas desde Los Cabos hasta la Bahía de Loreto. Saltan o se mantienen en posición vertical sacando su aleta caudal (en la parte posterior del cuerpo).

En la Bahía de La Paz, observamos un grupo de tres orcas (Orcinus orca). Estos avistamientos son relativamente frecuentes. Se trata de una hembra adulta con dos juveniles. Desafortunadamente llegan algunos operadores turísticos que las persiguen sin descanso, nosotros preferimos mantenernos a la distancia.

Foto de Elizabeth Aguilar.

En la zona también está el reconocido fotógrafo alemán Florian Shulz, quien están en busca de imágenes en el Golfo de California. Mientras tanto, un equipo de National Geographic, ubicado en La Rivera, ha encontrado tiburones ballena con hembras preñadas (Rhincodon typus), algo inusual. Documentan el trabajo de la investigadora Deni Ramírez, líder del proyecto Whale Shark Mexico, de  la fundación México ConCiencia, quien intenta hacer un ultrasonido para entender el proceso de gestación de esta especie.

Algo está sucediendo, tenemos un reporte del avistamiento de un Cachalote (Physeter macrocephalus) y ballena azul (Balaenoptera musculus). Desde el aire, el piloto Rodolfo Siddhartha Vázquez, con formación de biólogo marino y ex miembro de la Fuerza Aérea Mexicana, tiene la respuesta. Hace varios años monitorea especies desde su hidroplano, a lo largo de trayectos de 170 millas (273 km) sobre corrientes marinas específicas en el Golfo de California. Asegura que los grandes pelágicos —especies que viven cerca de la superficie o en aguas medias— se están alimentando gracias a una surgencia (ascenso de una masa llena de nutrientes desde aguas profundas a la superficie).

“El fenómeno sucedió aproximadamente hace tres semanas, diez días después de la surgencia vimos alimentándose a grupos de delfines, 10 ballenas de diferentes especies y mobulas. Toda la cadena alimenticia se empieza a mover. Después de que se alimentan con esos nutrientes, que vienen de las corrientes del fondo marino, estos animales se van a otro lugar, dejan descansar esa zona. Es algo que nosotros los humanos no hacemos; nosotros encontramos un punto productivo y lo explotamos hasta que se acaba”.

Foto de Elizabeth Aguilar.

El acuario del mundo

Cuando el explorador y oceanógrafo francés, Jaques Yves Cousteau, exploró el Golfo de California, observó una extraordinaria abundancia de vida marina, con un alto valor biológico, paisajístico y ecológico, por eso lo llamó “el acuario del mundo”.

Cousteau no estaba equivocado.

En el 2005, el Golfo de California fue declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO. La región alberga el 39% y el 33% del total mundial de las especies de mamíferos marinos y de cetáceos, respectivamente. Aquí han sido identificadas cinco de las siete especies de tortugas marinas del mundo y más de 700 especies de peces; 4,500 especies de invertebrados marinos y 181 especies de aves. Cuenta con 19 Áreas Naturales Protegidas. Una decena de ellas con categoría de Reserva de la Biosfera. Actualmente, tiene bajo protección 244 islas e islotes y áreas costeras, entre las que destacan las Reservas de la Biosfera Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado, la Isla San Pedro Mártir, El Vizcaíno e Islas Marías; los Parques Nacionales Bahía de Loreto, Cabo Pulmo e Isla Isabel; y las Áreas de Protección de Flora y Fauna Islas del Golfo de California y Cabo San Lucas.

Sin embargo, el golfo también enfrenta amenazas relacionadas con la actividad pesquera, en particular, con la captura incidental de tiburones, tortugas marinas y cetáceos, la sobreexplotación de los recursos, el deterioro de los hábitats marinos y costeros, la pesca ilegal y los efectos del cambio climático.

Foto de Elizabeth Aguilar.

He tenido la fortuna de viajar y conocer otros ecosistemas marinos alrededor del mundo, pero lo que observé en el Golfo de California, es único.

Es fácil caer en la falsa premisa de que todo el Golfo debería catalogarse como Cabo Pulmo, ejemplo internacional de conservación, algo que es imposible. El biólogo marino, José Alberto Zepeda Domínguez, del Instituto Politécnico Nacional, con doctorado en gestión de recursos pesqueros, no tiene ninguna duda: “La vocación del Golfo de California es pesquera”, aunque advierte que la conservación cabe a través de la pesca sustentable.

“En el Golfo de California hay regiones donde el turismo puede acceder y hay regiones donde no, por lo que esa visión de hacer que todos los pescadores se conviertan en operadores turísticos no es viable”. Le insisto que es importante conservar la extraordinaria abundancia de este lugar, que valen más los tiburones vivos que muertos. Inmediatamente me cuestiona: “¿Para quién? ¿Para el dueño del barco en el que fuiste a bucear, para el dive master extranjero? Ese dinero que pagaste no va a programas de conservación, va a una cuenta en Estados Unidos”.

Segunda entrega: Dos visiones sobre un mismo mar

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