El Parque Nacional está estructurado con áreas designadas para acampar, comer y disfrutar de la vistas escénicas estratégicamente elegidas.

Existen muchas maneras para llegar al Gran Cañón: nosotras manejamos desde Las Vegas, pasando por Lake Mead y la imponente presa Hoover. Sin embargo, hoy en día aún se puede tomar el tren desde Williams como lo hacían en el pasado. Además, es posible llegar en helicóptero, a pie o mula, y perderse en sus veredas y senderos.

El Parque Nacional está estructurado con áreas designadas para acampar, comer y disfrutar de la vistas escénicas estratégicamente elegidas. Resultado de millones de años de erosión, el Gran Cañón permite a los visitantes comprender de cerca la historia y evolución del planeta; sus formas suaves y caprichosas son producto del golpe del viento y del paso del agua del Río Colorado que por milenios ha labrado su cause. Sus dimensiones —435 kilómetros de largo por 29 de ancho y 1.5 de profundidad— son imponentes, mientras que sus paisajes de incontables colores quitan el aliento.

El turismo empezó a llegar hasta aquí en 1901, cuando el tren de pasajeros de Santa Fe, creado por Fred Harvey, arribó al extremo Sur, donde en 1905 construyó El Tovar, hotel que continúa en operación. Luego, Harvey tuvo la visión de expandir las líneas de trenes de pasajeros motivado por la idea de conocer y ocupar el territorio del Oeste, cosa que logró al hacer los trenes más agradables, cómodos y con mejores servicios.

Por esta hazaña, es considerado como “El civilizador el Oeste”. En El Tovar se esmeró para que las comodidades fueran las más avanzadas de la época y puso especial interés en las chicas de servicio que llegaron a ser conocidas como “Harvey Girls”, que se convirtieron en parte fundamental de la leyenda del viejo Oeste.

Con toque nostálgico en 1946 Hollywood estrenó un musical con el mismo nombre, basado en las vivencias de dichas mujeres, protagonizado por Judy Garlan y Angela Landsbury. Aunque Harvey murió en 1901, sus hijos y nietos continuaron su misión. El Hotel es un viaje en el tiempo, los escenarios son los mismos que los primeros viajeros disfrutaron y las instalaciones se conservan como desde sus inicios. Uno de sus comedores está dedicado a la memoria de Theodor Roosevelt, quien planteó la iniciativa de conservación del territorio como patrimonio natural, con la vajilla, cubiertos y otros objetos que usó durante su visita. También se puede visitar el estudio fotográfico de los hermanos Kolb, pioneros que dedicaron sus vidas a retratar y explorar el área. Visitar El Gran Cañón es una experiencia llena de contrastes. La cantidad de gente y los servicios que requieren impiden la total inmersión en el viaje en el tiempo. Lo vasto de los paisajes nos recuerdan lo pequeños que somos aún rodeados de cientos de personas que buscan en esa inmensidad la imagen icónica del viejo e indomable Oeste Americano.

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