"Por favor deposite el papel en el inodoro" o "Por favor tire el papel a la basura". ¿Quién tiene la razón?

Por favor deposite el papel en el inodoro” o “Por favor tire el papel en la basura“.

Tirar el papel higiénico con residuos fecales al inodoro no es un pecado, sino una virtud; ya que puede contribuir a reducir la contaminación del aire en algunos lugares como el hogar, la escuela, restaurantes, hospitales y oficinas.

En cambio, depositar el papel sucio en la basura es tan dañino como respirar material fecal al aire libre de humanos y animales. “Es un foco de infección”, explicó la doctora Irma Rosas Pérez, jefa del Departamento de Aerobiología, del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.

La materia fecal contiene endotoxinas que se adhieren a las partículas del aire, las cuales, al ser inhaladas generan inflamación en el tracto respiratorio, complicando el asma, la conjuntivitis y la tos, entre los integrantes de una familia, por ejemplo.

El problema aumenta cuando estos deshechos se le entregan a quien recoge la basura, y éste a su vez los coloca en el contenedor, pues el papel higiénico al ser tan ligero, con el aire se esparce por doquier, así que para nada es raro que “lo podamos respirar”.

Para Rosas Pérez, la erradicación de la contaminación del aire no sólo depende de los gobiernos y el sector empresarial, sino también de la sociedad de a pie, quienes pueden evitarla disminuyendo “riesgos voluntarios”, que contribuyen a mejorar la salud pública y el medio ambiente.

“Los riesgos voluntarios son esas soluciones que podemos ejecutar directamente: no fumar en lugares públicos, tirar el papel sucio al inodoro, tirar el excremento de la mascota al drenaje o no utilizar el carro”. Medidas significativas en nuestro más íntimo entorno, que hacen una pequeña gran diferencia.

Al contrario, respecto a la contaminación generada por los camiones y automóviles que circulan en la Ciudad de México, admite que son “riesgos involuntarios”, donde el gobierno tiene la responsabilidad de diseñar medidas para erradicar y sancionar el incumplimiento de normas.

Costumbre arcaica

Depositar el papel higiénico contaminado en la basura es un hábito trasmitido por generaciones. Hemos crecido con una cultura de la higiene deformada, debido a la falta de información.

Para Rodolfo Sosa, responsable del área de Contaminación Ambiental del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, una solución es plasmar los daños que ocasiona dicha costumbre en cada uno de los botes de basura: “Así como se difunden los problemas del tabaquismo en las cajetillas, lo mismo se puede hacer en este caso”, un lugar visible para que la información pueda crear una verdadera consciencia.

La contaminación atmosférica en la Ciudad de México es crítica. Casi todas las zonas presentan una pésima calidad del aire, sin embargo, los problemas ambientales en los espacios cerrados, como casas particulares o sitios de trabajo, dependen completamente de los ciudadanos.

De ahí la importancia de analizar casas, edificios, centros comerciales, cubículos y oficinas “como si se tratara de un paciente”, para establecer las medidas correctivas encaminadas a mejorar la calidad del aire.

“Cada institución debe tener un evaluador para saber en qué condiciones está la instalación hidráulica, pero también debe de existir una rutina de limpieza. Si son lugares públicos, una vez al día no es suficiente, por eso hemos propuesto a instituciones, escuelas, hospitales y en los hogares, hacerlo rutinariamente. Al menos, unas tres veces al día”.

Prevenir y controlar la contaminación atmosférica en ambientes interiores son responsabilidad de las personas que los habitan, a diferencia de la calidad del aire en el exterior donde se involucran otros factores, “la educación es un aspecto fundamental, no sólo para sí mismo, sino para los demás”, sostiene el académico de la UNAM.

Miedo a tapar el drenaje

Evitar la obstrucción de cañerías, no contaminar el sistema de agua o simplemente por costumbre, quizás son las causas más comunes que impiden tirar el papel higiénico al inodoro. Un cambio de mentalidad que también requiere del uso de nuevas tecnologías.

Sí, es verdad, los drenajes son muy viejos, pero si a ese problema se le agrega la existencia de un sanitario de 50 años, “hasta una escupitina lo tapará”, sostiene Pablo Sánchez, técnico académico de la sección de contaminación Ambiental del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.

La falta de mantenimiento es también una costumbre heredada. Vivimos pensando que el inodoro puede durar “toda la vida”, pero los problemas ambientales han obligado a que los sistemas hidrosanitarios estén acorde a la tecnología. “Actualmente la descarga de agua es de 6 litros, en algunos casos, hay opción de tres para la orina. Un gran ahorro si se toma en cuenta que antes eran 12 litros”, explica Sánchez. Y agrega que actualmente la tubería debe ser de bronce o PVC, con un diámetro de dos a tres pulgadas para evitar un atascamiento.

El papel sanitario es otro dolor de cabeza, y otra vez la tecnología ha sido fundamental para crear diseños elaborados con celulosa que se biodegrada al entrar en contacto con el agua.

En febrero de 2008, la Revista del Consumidor, publicó un artículo donde resalta que un atributo importante para elegir marcas “debe ser la velocidad con la se se deshace el papel”.

La publicación admite que “una buena práctica de higiene es desechar el papel usado en el inodoro, en lugar de depositarlo en un cesto sin tapa, que es un foco de contaminación”. Esta acción indudablemente requiere también replantearse la cantidad de papel que usamos. Ahorrar “cuadritos” no sólo implica un beneficio a nuestros bolsillos, sino también a nuestro drenaje.

Con el papel sanitario adecuado, basta probar si el drenaje resiste y comenzar de manera paulatina a observar cómo reacciona el inodoro. Si funciona de manera correcta, tampoco quiere decir que se deben tirar ahí toallas sanitarias, pañales o condones, eso indiscutiblemente va en un basurero especial.

Para el investigador ambiental, un método infalible para descubrir si se está en el primer mundo o el subdesarrollo es entrando a un baño. No se explica por qué en México aún existen personas que se les “olvida” jalar la palanca del sanitario.

Posible solución

La práctica de colocar el papel sanitario contaminado en el basurero puede catalogarse como una forma de fecalismo al aire libre, pero bajo techo, dice la doctora Irma Rosas Pérez, quien desde hace más de una década propuso en el Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, retirar los botes del sanitario.

Y aunque cerca de los lavamanos hay cestos para depositar las toallas sanitarias, el ambiente se transformó: “se fueron los malos olores, las enfermedades, vamos, hasta el color del baño cambió”, concluye la investigadora.

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