Una de las consecuencias de la pérdida de individuos de alguna especie es la fragmentación de su hábitat.

De acuerdo con la clasificación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), las especies en peligro crítico de extinción son aquellas cuya población ha caído entre 60 y 80% en un lapso entre tres y 10 años, y cuentan con menos de 250 individuos. ¿Qué tan complicado es lograr que estas especies se recuperen en número? Para entender por qué a pesar de los esfuerzos por reproducir a la vaquita marina, el jaguar, el zorro ártico —entre muchos otros—, cada año vemos reducido el número de especies hasta su extinción — como el rinoceronte blanco—; hay que considerar los factores principales que afectan los esfuerzos de conservación.

Lobo mexicano – Quadell

El hábitat. En primer lugar, muchas de estas especies no sobreviven ni se reproducen en cautiverio, por lo que están sujetas a las condiciones de su hábitat —por ejemplo, patógenos naturales, depredadores, poca comida—. Una de las consecuencias de la pérdida de individuos de alguna especie es la fragmentación de su hábitat, su perturbación —por factores como la contaminación, tala, caza, tráfico ilegal, etcétera—, o su destrucción. Es prácticamente imposible controlar toda una región para que la especie que se desea conservar tenga siempre buenas condiciones —además de que es difícil conocer todas las condiciones que requieren.

Endogamia. Es bien conocido que la reproducción entre parientes puede traer graves consecuencias: enfermedades genéticas, incapacidad para reproducirse, menor longevidad, poca resistencia a patógenos, entre otras. Cuando una especie tiene muy pocos individuos —como las que están en peligro crítico—, es común que ocurra endogamia, lo que hace más difícil que los programas de reproducción tengan éxito.

Esto explica por qué muchas de estas especies tan amenazadas pierden números con tanta rapidez y resulta casi imposible mantenerlas a flote. Como el caso del rinoceronte blanco, donde hubo un punto en que ya no quedaban machos; incluso intentos con tecnología más sofisticada —como criar embriones en laboratorio— no tuvieron éxito. A pesar de esto, hay casos donde el esfuerzo conjunto de muchas instituciones ha logrado superar estos problemas —usualmente, son especies que pueden mantenerse en cautiverio—. Por ejemplo, el mono tití león dorado pasó de estar en peligro crítico a peligro en 2003; también el lobo mexicano, del que en los últimos años se han liberado 44 ejemplares en su hábitat originario. Sin embargo, esto no significaque se vaya por buen camino: hay tantas especies que muchas veces no es posible darles seguimiento a aquellas cuyas poblaciones han sido devastadas por las actividades humanas.

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