Por Alberto Tinoco Guadarrama

Esta es la segunda entrega nuestra serie sobre pesca en el Golfo de California.
Aquí puedes leer la primera entrega: El Golfo de California: ferozmente lleno de vida.

El llamado “esfuerzo pesquero” en México: captura y acuacultura, representa una producción de un millón 753 mil toneladas al año. Genera alrededor de 350 mil empleos directos y ganancias por 24 mil millones de pesos anuales, con una flota de más de 2 mil embarcaciones industriales y más de 75 mil embarcaciones menores.

El problema, según los conservacionistas, es que cada vez se pesca más, pero se captura menos. En 2010, 70% de las capturas de la industria pesquera, en el caso de la sardina y el atún estaban a su máxima capacidad. Ocho años después, en 2018, 85% de las pesquerías destinadas a esos tipos de pesca, están sobreexplotadas, según Ramón Castellanos, Coordinador de Proyectos de la Coalición en Defensa de Los Mares de México (CODEMAR), quien asegura que el esfuerzo pesquero se ha vuelto insostenible e ineficiente. “Está demostrado que si la pesquería está bien manejada puede ser sustentable”.

“Desde los 50, el esfuerzo pesquero ha ido aumentando y desde los 80 las capturas se han mantenido estables en el mundo. No es un asunto sólo de México. Si el esfuerzo sigue aumentando y la captura se mantiene, y con el indicador biológico que señala que cada vez hay menos peces: al tirar más redes, saldrán menos animales. Hay que hacer las cosas al revés: ajustar el esfuerzo pesquero de captura a la disponibilidad de peces, dejar que las poblaciones se puedan recuperar, y de esa manera, habría una pesca sustentable”.

Desde la Cámara Nacional de las Industrias Pesquera y Acuícola (CANAINPESCA), se advierte que algunos grupos conservacionistas, están en contra de la pesca por intereses relacionados con el extranjero. Ramón Castellanos, de la CODEMAR, señala: “Esta visión de que los conservacionistas estamos en contra de la pesca es absurda. Los conservacionistas estamos a favor de la pesca, estamos tratando de que los mexicanos tengamos un recurso que nos permita la seguridad alimentaria. Lo que está pasando con la pesca industrial es que hay una voracidad creciente. Cada año quieren capturar más y ganar más, y esto en un ecosistema cerrado; es imposible. No puedes sacar y sacar, si no permites que las poblaciones se regeneren y se reproduzcan de forma natural”.

El Golfo de California es la principal zona de pesca industrial y ribereña del país, es decir, independiente, con embarcaciones menores, sin maquinaria. Todas las bondades de la pesca sustentable y las malas prácticas del sector pesquero, se concentran en este corredor de alrededor de mil kilómetros de longitud. Un mar largo y estrecho que es una de las fuentes de proteínas más importantes para la seguridad alimentaria del país. Actualmente, 77% de la producción pesquera mexicana se obtiene en el Océano Pacífico y 80% de esa captura proviene del Golfo de California.

Existen alrededor de 17 pesquerías principales en esta región, las cuales capturan 131 especies comerciales explotadas por flotas de Sinaloa, Sonora y Baja California Sur.

Ramón Castellanos, de la CODEMAR, asegura que, “es paradójico, la flota pesquera industrial mexicana saca 80% de la captura del Golfo de California, aunque México tiene 11 mil kilómetros de litorales. Esto no es casual, llegaron aquí porque en los lugares donde pescaban antes, como el Golfo de México, se acabaron los recursos. Las flotas industriales vienen de Sonora y de Sinaloa, estas dos reciben 85% de los subsidios de CONAPESCA, en vez de pescar en sus costas, lo hacen en las de Baja California Sur”.

Sardina: el principal producto de los mares mexicanos

Foto de Alberto Tinoco.

El Golfo de California destaca por la presencia de diversas especies de sardina, anchoveta y macarela, pero no sabemos cuántos ejemplares hay, ni dónde están. La base de datos oficial sobre los recursos pesqueros del país, y en particular del Golfo, es información reservada por la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (CONAPESCA).

El caso de la sardina en el Mar de Cortés es emblemático. En el período del 2008 al 2009 la flota pesquera registró una captura de 500 mil toneladas. En el período del 2013 al 2014, solo se capturaron 3,500 toneladas. Los ambientalistas sostienen que es el ejemplo más claro de la sobreexplotación de esta especie. Así lo advierte Ramón Castellanos de la CODEMAR: “Sacaron 500 mil toneladas en un año. Los mismos barcos y las mismas redes sacaron menos de cuatro mil toneladas unos años después. Nos acabamos a los peces adultos en etapa reproductiva y por eso es imposible recuperar la población”.

El investigador José Alberto Zepeda Domínguez, quien ha elaborado estudios de recursos pesqueros para la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), asegura que es normal: “En la pesca es normal una variación interanual del 30%. Esto no significa sobreexplotación, quiere decir que las especies responden a la variación de factores ambientales”.

La visión de los ambientalistas es diferente. Ramón Castellanos sostiene: “Sabemos y está demostrado que la producción de sardinas es cíclica, depende del alimento, hay variaciones climáticas y oceanográficas. Las sardinas se ajustan a estos cambios, como las anchovetas y las macarelas. Si la pesca es mayor cada año, sin hacer caso a los altibajos naturales, llega un momento que se acaba la población reproductiva y vienen las extinciones locales comerciales”.

En Estados Unidos y Canadá, desde 2015, se decidió cerrar indefinidamente la pesquería de sardina, hasta lograr que se regeneren sus poblaciones.

En México, 85% de la sardina capturada, es utilizada para la producción de harina y aceite. En promedio seis kilos de sardina producen un kilo de harina. Una fuente tan rica en proteínas es utilizada como forraje para animales de granja, lo más paradójico es que esta pesquería, recibe subsidios por parte de la CONAPESCA. Para Castellanos, este hecho revela las contradicciones de la pesca en el país: “Qué perversidad, sacar proteínas del mar de primera calidad, hacerlas picadillo en el horno, perder su eficiencia y luego utilizar el recurso para engordar pollos o vacas para que la carne sea barata”.

El Código de Pesca Sustentable de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés), señala que en el caso de las pesquerías cuyas poblaciones están explotadas a su límite, solo se justifica la captura a gran escala, para consumo humano.

¿Y los tiburones?

Sólo en el Golfo de California más de 25 mil pescadores ribereños reportan una captura anual aproximada de 110 mil toneladas. El problema es que cada vez es más difícil ver tiburones, particularmente tiburón martillo o “cornuda”, la especie más pescada en la región. Su población ha disminuido, no sabemos cuánto, pero sí sabemos por qué.

Hace 25 años, varias especies de tiburón eran abundantes en el Golfo de California. Hoy los buzos de la zona aseguran que, desde hace siete años es difícil ver un tiburón martillo, aunque bajen a 40 metros de profundidad.

Los tiburones son el termómetro de la salud de los mares. Donde hay predadores tope, que regulan las poblaciones de otras especies, generalmente está funcionado bien la cadena alimenticia. El Golfo de California tiene la captura anual más alta de tiburones, principalmente de tiburón martillo, de todo el Pacífico mexicano, al grado de considerarse una especie extirpada de esta región.

México es el sexto país en el mundo con el mayor volumen de tiburones capturados. La pesca o captura incidental oscila de entre 4.5 y 10 millones de individuos. Y ya se habla del colapso de sus poblaciones.

¿Y los tiburones? Le pregunto a José Alberto Zepeda Domínguez, biólogo marino, quien desde hace varios años realiza un trabajo sobre manejo sustentable con comunidades pesqueras de la Bahía de La Paz. Sonríe, mueve la cabeza y responde: “En cualquier lugar hay tiburones, yo los encontré en Ensenada de Muertos, al este, a 60 kilómetros de La Paz. Ahí hay una flota tiburonera”.

Y agrega: “Hay que dejar muy claro que pescar tiburón es legal, no está prohibido, salvo algunas especies protegidas. Para que respiren tranquilos algunos, no se pesca a los tiburones grandes. Tienen un sabor a amoniaco. Es más apreciado el tiburón pequeño (cazón) y más sabroso. No sé qué tiburón buscas, pero ve con un tiburonero, ellos saben dónde están”.

— ¡Pero los quiero ver vivos!
— ¡Están vivos!… En los anzuelos de los palangres”.

La biomasa es la razón de la abundancia

Foto de Alberto Tinoco.

Diversos estudios científicos ofrecen una aproximación a la biomasa (cantidad total de materia viva presente en una comunidad o ecosistema) en el Golfo de California. Según Arturo Ayala, Biólogo Marino de la Universidad Autónoma de Baja California Sur, la segunda región más productiva del país es el Golfo de California por la cantidad de biomasa, después de las islas oceánicas del Parque Nacional Archipiélago de Revillagigedo. “El Golfo tiene alrededor de 450 gramos de biomasa por metro cuadrado, el equivalente a poco más de cuatro toneladas por hectárea, en promedio”.

Esto significa que, la población de peces e invertebrados en el Golfo de California la mitad de la que hay en Revillagigedo, pero superior a la cantidad registrada en el Pacífico tropical mexicano y la zona “Panámica” en Centroamérica. Estos datos, señala el investigador, contrastan con los de la autoridad pesquera, que argumenta una mayor abundancia de especies comerciales en el Golfo.

El biólogo marino, Ismael Mascareñas, del Centro para la Biodiversidad Marina y la Conservación, coordina desde hace 12 años uno de los mayores esfuerzos de monitoreo en el Golfo de California, y explica porque hay discrepancia entre los datos oficiales y los hechos por organismos autónomos, acerca de la biomasa.

“La diferencia radica en el monitoreo. CONAPESCA calcula la biomasa con base en la captura de las pesquerías industriales, sólo cuentan lo que están sacando, la captura es su índice de abundancia. En cambio, en nuestros monitoreos, se hace una estimación visual en sitios y momentos específicos. Lo ideal sería que ambas fuentes se complementaran para obtener datos mucho más precisos”. Y agrega:  “Este tipo de estudios tienen la virtud de decirnos qué tanto podemos aprovechar, cuánto, cómo y dónde”.

El Programa de Monitoreo Ecológico de Largo Plazo (LTEMP, por sus siglas en inglés), comenzó en 1998, con el objetivo de recopilar información sobre las comunidades de peces e invertebrados. Han participado 39 investigadores de 29 instituciones, con más de tres millones de registros, en 380 arrecifes monitoreados de 13 regiones. Los resultados están disponibles a través de la Iniciativa Datamares, que promueve con base en estos datos, la evaluación, el manejo y la conservación de la biodiversidad.

Según el monitoreo de 2017, Loreto tiene el mayor número de especies registradas con 270, le siguen El Corredor con 245, La Paz con 235 y Cabo Pulmo con 210. Ismael Mascareñas explica que, “en el caso de Revillagigedo, Cabo Pulmo e Islas Marías, entre el 40% y 60% de la biomasa son especies de interés comercial, y en otros sitios del Golfo de California, registran apenas un 10% o 5% de especies comerciales”.

Un dato dramático del informe es que, “entre 1998 y 2017, la longitud promedio de los peces capturado en el Golfo de California disminuyeron 45 centímetros”. Es decir, después de 20 años, los peces comerciales han reducido su talla, lo que podría estar asociado a la sobreexplotación.

En 2015, el monitoreo reveló el mal estado de salud de algunos arrecifes, condición que podría estar asociada a los efectos de la pesca de arrastre y al cambio climático. “Vimos que alrededor del 68% de los arrecifes en el Golfo se encontraban degradados, en comparación con Cabo Pulmo que tiene arrecifes sanos porque no existe actividad pesquera”.

— ¿Qué tan grave es la salud del Golfo de California? Le preguntó al investigador.
— “El Golfo de California está en riesgo”, responde sin dudar Mascareñas.

Tercera entrega: Pesca sustentable en el Golfo de California.

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