Crónica Ambiental analizará, en los días previos a la elección, los proyectos medioambientales de los candidatos. El primer turno es de José Antonio Meade.

México, una Potencia Ambiental, así se llama el plan en materia ambiental de José Antonio Meade, candidato de la coalición Todos por México, conformada por el PRI, el PANAL y el PVEM, para los siguientes 6 años, si es que llega a ganar la elección presidencial.

“Mi gobierno garantizará que México tenga aire seguro para respirar, agua limpia para beber y alimentos suficientes y de calidad”.

Ésta es una de las frases de apertura de este documento de 15 páginas, que es posible descargar en el sitio oficial de Meade.

El plan está dividido en 9 temas:

Agua: “Será prioridad nacional”

Las acciones en este rubro son: buscar el equilibrio del ciclo hidrológico, usar la tecnología para el tratamiento de aguas residuales, instalación de sistemas de captación de agua, arreglo de fugas, más ahorro y mejor aprovechamiento de la cosecha del agua en contextos agrícolas y, la creación de reservas de agua en las cuencas más importantes de cada estado.

El último punto es coyuntural. Durante las celebraciones del Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio), el presidente Enrique Peña Nieto firmó diez decretos para, según la CONAGUA: “garantizar el agua para el consumo humano de 18 millones de habitantes que aún no nacen, en una proyección a 50 años”.

Los decretos levantaron la veda en 295 cuencas —de las 756 que hay en el país— en 20 estados de la República. Varios activistas e investigadores, de la UNAM, UAM y otras instituciones, advirtieron que acabar con las vedas, vulnera la protección del agua y puede beneficiar a la inversión privada, en específico a industrias como la refresquera, cervecera, minera y petrolera (por el uso del fracking), entre otras.

Ante el disgusto social, que creció entre ayer y hoy en las redes sociales, la SEMARNAT emitió un comunicado diciendo que estos decretos son: “para poder hacer uso de la disponibilidad de agua ya existente en las cuencas involucradas y destinarla exclusivamente para la población”.

Bosques: “Haremos de México una potencia forestal”

Meade plantea la reforestación de 1.5 millones de hectáreas; motivar el uso de maderas sustentables; aumentar los bosques certificados a 1.5 millones de hectáreas en 2020; incentivar a las empresas que generen tecnologías forestales responsables; y generar un millón de empleos verdes (especialmente para jóvenes y mujeres).

Como mencionamos en nuestro artículo sobre el tercer debate presidencial, los planes de reforestación no son una idea novedosa, pero son muy necesarios debido a la deforestación —desde 2011, cada año se pierden 500 mil hectáreas de bosques y selvas— y los incendios forestales. Según la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), en un boletín publicado en marzo del 2016, la administración actual había alcanzando casi el 60% de su meta de reforestación, siendo el 2014 el de mayor índice de supervivencia (57%).

Cambio climático: “Financiamiento, tecnología y mecanismos de mercado”

A este apartado, Meade le dedica dos hojas. Su objetivo principal es cumplir con el Acuerdo de París al 100%. Para esto, propone comenzar con aspectos económicos, es decir incentivar o desincentivar a las empresas según su compromiso ambiental; promover la participación del sector privado en el combate al cambio climático; colaborar con ONGs internacionales y con el sector financiero privado para establecer regulaciones de la banca, bonos e inversiones; consolidar el mercado de carbono; y fomentar una política integral que aleje a las compañías del deshecho actual.

¿A qué se comprometió México? A reducir 22% de sus emisiones de GEI. Para este primer punto, Meade necesita incluir muchos otros de su propuesta, es decir: impulsar la energía renovable, la eficiencia energética y la protección a bosques, impulsar buenas prácticas agrícolas, el transporte limpio y la gestión de residuos, así como la mejora de procesos industriales (medidas recomendadas en el Acuerdo). México debe poner un esfuerzo grande en lograrlo, pues es el segundo emisor de estos gases de América Latina, por detrás de Brasil. ¿Por dónde va comenzar José Antonio Meade?

El gobierno de México también se comprometió a bajar en 51% de emisiones de carbono negro (el segundo gas más contaminante después del CO2) y a generar energía limpia: 35% para el 2024 y 43% en el 2030.

Ciudades inteligentes: “Planeación urbana incorporada al 100 en la agenda de medio ambiente”

Meade plantea cumplir uno de los sueños de cualquier habitante de grandes urbes —o por lo menos de la Ciudad de México—: “Cada entidad tendrá un rediseño urbano integral para que las personas vivan más cerca de sus trabajos o centros escolares”. Una tarea enorme, si se toma en cuenta que el 78% de la población mexicana vive en localidades urbanas (según el censo del INEGI de 2010).

Para generar zonas urbanas que incluyan a personas con ingresos variados, con acceso a lugares de trabajo y servicios de salud o de educación, de acuerdo a algunos expertos, podría lograrse gracias a una política pública que implemente usos de suelo mixto y control en los alquileres, generando asentamientos que incluyan a personas con ingresos variados.

El candidato de Todos por México, dice que también buscará la construcción de obras que promuevan transportes limpios y, por consecuencia, traslados con energía limpia; ciudades que privilegien a los peatones y a los ciclistas; y un desarrollo urbano inteligente. Y menciona que la meta de su gobierno es bajar las emisiones en un 20% (entonces no cumpliría al 100% con los Acuerdos de París, en los que México debe bajar 22%).

Desarrollo territorial sustentable: “Producción y cambio de paradigma”

Se pondrá en marcha la Estrategia Nacional de Conectividad Ecológica, para tomar “decisiones sobre la gestión territorial de manera articulada y adaptativa” (es decir, conectar adecuadamente ciertas regiones para el tránsito de animales); incentivar inversiones en zonas con gran biodiversidad, la producción agropecuaria de productos orgánicos y sostenibles, y los proyectos dirigidos a cerrar la brecha de género en el sector rural (no sabemos cómo ayuda esto al medio ambiente, pero es una buena idea la equidad de género); promover la agroecología, protegiendo el maíz de modificaciones genéticas; y lanzar el “Mapa de Especies Prioritarias y la Estrategia de Especies Invasoras al 100%”.

El último punto se refiere a aquellas especies invasoras (de fauna o flora), no nativas, que afectan el crecimiento de otras o las exterminan. Este plan es una herencia de varias administraciones. La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) publicó en 2010 La estrategia sobre especies invasoras, un esfuerzo constante por catalogarlas y analizar su comportamiento, así como métodos para controlarlas o erradicarlas.

Océanos: “Nueva ingeniería y gestión”

Se buscará una política integral para “atender las regiones marinas y sitios prioritarios”; dejar en manos de la Sagarpa —exclusivamente— la certificación de las pesquerías, una función que ya está en manos de la Sagarpa. También propone “hacer de los mares zonas seguras de trabajo, transporte y descanso sustentable”; y apoyar la investigación científica mexicana.

En la actualidad el CONACYT, junto con la Sagarpa, ofrece becas a los proyectos enfocados a la protección de los mares, por lo que la propuesta de Meade le daría continuidad al proyecto.

Protección: “Más superficies para el bienestar y desarrollo”

“Aumentar la gendarmería ambiental a 5,000 efectivos”. Esta división de la Policía Federal, creada en 2016, según expertos, no ha funcionado. En una nota publicada a mediados del 2017, en El Universal, se destaca que cada inspector debe cubrir un área de 10 mil hectáreas. “Es una tomada de pelo”, argumentó para el periódico, Raúl Arriaga, presidente del Colegio de Biólogos. Por su parte, Gustavo Ampugnani, Directos Ejecutivo de Greenpeace México, considera que en vez de tener a policías haciendo labores que desconocen, se debe de fortalecer la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), dedicada a perseguir delitos relacionados con el medio ambiente.

Residuos: “Energía, revalorización y reciclaje”

Meade pretende manejar este problema con estos dos acciones: Reducir el uso y desperdicio de los productos que generan basura; y “generación de energía”.

La primera se trata de promover empleos verdes, incentivar proyectos con menos impacto ambiental, ayudas fiscales, reducir deshechos, motivar el consumo de materiales reciclables y el reciclaje del desperdicio actual. Y finalmente, presentar “una iniciativa para prohibir el uso de envases, envolturas y utensilios desechables de plástico y unicel”.

Esta iniciativa, tienen precedente en la actual legislación, en abril pasado la Cámara de Diputados aprobó restringir, o hacer la recomendación a negocios de la industria restaurantera para disminuir el uso de popotes (la ley aún no ha pasado por el Senado). Hay municipios como Veracruz, que ya prohibió el uso de los popotes, y Querétaro, las bolsas de plástico.

Turismo: “Regeneración de ecosistemas y nuevas actividades turísticas”

Implementación de corredores bioculturales en el territorio nacional; “aprovechamiento turístico sustentable de las Áreas Naturales Protegidas”; transformación “del sector productivo en zonas afectadas por la sobreexplotación de los recursos naturales”.

Más continuidad. En el 2016, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, a través de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), presentó acuerdos entre el gobierno y empresas privadas —CEMEX, Restaurantes TOKS, Grupo O’port, Blau Life, ASUR y Bo Fish— para fomentar la inversión en algunas zonas biodiversas, “asegurando el retorno de la inversión y procurando el desarrollo local y el bienestar para las comunidades locales”.

Con el “#MéxicoPotenciaAmbiental” termina este documento lleno de frases repetitivas y de buenas intenciones.

En general, varias de las propuestas dan continuidad a muchas acciones ejecutadas, tanto por el gobierno de Peña Nieto, como de otras implementadas desde el sexenio de Calderón. Algunas son poco claras y, sobre todo, no se explica cómo se lograría su éxito, cuánta inversión requeriría llevarlas a cabo, con qué actores se va a cooperar o algún modelo o prueba piloto en la que se basan.

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