Pocas cosas se transforman a mayor velocidad en algo indeseable —en basura o, en términos más modernos, en un residuo—

Pocas cosas se transforman a mayor velocidad en algo indeseable —en basura o, en términos más modernos, en un residuo— como un bien, un insumo o un producto que alguna vez fue deseable. El problema de estos desechos es colosal y voluminoso, ya que se asocian, de manera inequívoca, con plagas y enfermedades, por lo que la gente no los quiere cerca. Así acaba de ocurrir con los vecinos de Tarango, en la delegación Álvaro Obregón de la Ciudad de México, que están encabezando un movimiento para evitar que en la zona donde habitan se instale una estación de transferencia. Hemos sido testigos también de cómo las lluvias expusieron la incivilidad de muchos de nosotros que tendemos a depositar la basura en barrancas o en la calle por evitar la molestia de disponerla de modo adecuado, lo que generó inundaciones y catástrofes como la de la carretera en Cuernavaca yotros más recientes.

En los últimos tiempos se difundió por todo el planeta una fórmula para tratar el tema de los residuos, basada en el principio de las tres R: reduce, reutiliza y recicla, lo que supone que los ciudadanos que en esta Ciudad de México depositemos diariamente cerca de 13 000 toneladas de residuos sólidos en el lugar correspondiente para reciclaje, reduzcamos nuestra basura llevando bolsas al mercado, por ejemplo, y que reutilicemos algunos desechos en forma de  floreros u otros objetos útiles en la vida diaria.

Cada habitante de la ciudad produce en promedio 1.5 kg de residuos sólidos al día.

Del total de la basura que se genera en la Ciudad de México, 60% corresponde a inorgánicos y 40% a orgánicos. Cada habitante de la ciudad produce en promedio 1.5 kg de residuos sólidos al día, y esto genera un enorme problema de disposición final y de temas asociados a la corrupción imperante en el departamento de limpieza. Muchos ciudadanos, entre los que me incluyo, tenemos que pagarle al camión para que se lleve nuestros residuos a pesar de que se asume que es un servicio público que debería cubrirse con los impuestos.

Las tres principales causas de estos volúmenes son las compras innecesarias, la obsolescencia programada y las envolturas desechables, ya que los fabricantes con frecuencia empacan sobradamente los productos con el fin de darles más valor y una presentación más atractiva.

Recientemente, la Secretaría de Medio Ambiente comenzó una campaña para dividir los residuos sólidos urbanos en cuatro grandes categorías: las que ya conocíamos, orgánicos, que son residuos de jardín o alimentos que se pueden convertir en composta; inorgánicos, que a su vez
se dividen ahora en dos categorías: los no reciclables, como las colillas de cigarro, y los reciclables, como los envases de pet. La última categoría es la de manejo especial y voluminoso, y por su tamaño requieren un tratamiento diferente; tal es el caso de televisores o colchones usados.

¿Es la medida correcta? Por supuesto, mientras se haga una mejor distinción de los tipos de residuos que se generan, es más viable su reutilización y reciclaje, se ahorran costos de transporte y de pepena. Pero justamente los problemas que se pueden advertir están asociados a
este cambio. ¿Existe alguna inversión prevista para colocar depósitos de los cuatro tipos de residuos en la ciudad? ¿La gente los respetará? ¿El sindicato de trabajadores de limpia protestará? Son preguntas legítimas que requieren una respuesta eficaz por parte del gobierno para que se evite la percepción pública de que una medida correcta no va acompañada del repertorio de instrumentos para hacerla valer.

Existen países ejemplares como Alemania, que recicla 60% de sus residuos e importa más de 160 mil toneladas solamente de Italia. Los alemanes en promedio desechan lo mismo que los mexicanos de la capital. Valdría la pena poner atención a sus métodos y sistemas, con el fin de lograr vencer un problema público importante. Insisto: la medida es correcta, pero tendremos que esperar para analizar su funcionamiento y operatividad.

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