De acuerdo con mapeos satelitales, el aumento global de bosque supera a la pérdida de árboles en las últimas décadas.

El estudio de mapeo satelital de masa forestal, encabezado por Xiao-Peng Song, investigador de la Universidad de Maryland y uno de los autores del nuevo estudio publicado en la revista Nature, en el que participaron expertos de la NASA y de la Universidad Estatal de Nueva York, concluyó que la cobertura global de árboles aumentó en un 7% entre 1982 y 2016. Este porcentaje implica un aumento neto de 2,24 millones de kilómetros cuadrados de superficie arbolada.

El estudio señala que los cambios en la cobertura forestal se debieron en un 60% a la actividad humana y en un 40% a otros factores como el calentamiento global.

Sin embargo, la forestación no es pareja. Sudamérica sigue siendo la región más afectada por la desforestación. El estudio señala que los países que más perdieron superficie de bosque en el período analizado son Brasil (385.000 km cuadrados), Argentina (113.000 km cuadrados) y Paraguay (79.000 km cuadrados). También se registró una desforestación marcada en áreas de Australia, Myanmar, Vietnam. Camboya e Indonesia.

De acuerdo al estudio, el aumento global de superficies arboladas se debió fundamentalmente a cambios en el hemisferio norte: el calentamiento global está permitiendo el avance de bosques en la tundra. Otra parte del nuevo crecimiento se produjo como consecuencia de reforestación en China y regiones desérticas de África. En otras zonas en Rusia y Estados Unidos, en cambio, el aumento forestal se explica por el crecimiento natural de bosque tras el abandono de plantaciones agrícolas.

Los árboles que se plantaron en China o África no se comparan con los derribados en los bosques de Sudamérica. Los árboles en el hemisferio norte no tienen el mismo impacto que los bosques de Brasil en dos parámetros: la capacidad de albergar biodiversidad y la capacidad de absorber y capturar dióxido de carbono.

Los científicos se basaron en imágenes de alta resolución de 16 satélites. Song y sus colegas usaron algoritmos que pueden calcular la superficie forestal en base a la longitud de onda de la luz que reflejan los árboles, pero las imágenes satelitales no distinguen un aspecto fundamental: la estructura del bosque y su calidad desde un punto de vista ambiental. Solo mediciones que revelen la estructura del bosque permitirán distinguir si un aumento global de cobertura forestal es realmente una buena noticia.

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