Simon Harsent viajó, desde Greenland’s Disco Bay hasta a la costa este de Terranova, fotografiando la transformación y el poder de los icebergs.

Una masa de hielo que sobresale en el mar tiene el poder de la belleza y el de la destrucción. El 12 de julio de 2017, se deprendió del frente de hielo Larsen C de la Antártica, un iceberg cuatro veces más grande que la Ciudad de México bautizado como A68 (de 5 800 kilómetros cuadrados y 1 billón de toneladas de peso).

Aunque se sabía de éste, sólo hasta el pasado mes de agosto, los científicos de la nasa obtuvieron las primeras imágenes iluminadas del gigantesco iceberg gracias al regreso de la luz solar en la Antártida.

Unos atraídos por el interés científico, y otros, como el fotógrafo Simon Harsent, por el poder de destrucción y belleza de los icebergs, han logrado obtener imágenes sorprendentes.

A sus 11 años, Simon Harsent tuvo el impulso de pintar el momento en el que el Titanic chocaba con un iceberg. Más adelante, ya sabiendo que su futuro estaría ligado a la fotografía, emprendió un viaje a la última zona a la que se cree que el Titanic se impactó (la Costa de Este de Terranova y Labrador).

La serie de Harsent comienza con las decenas de icebergs que entran a la bahía Greenland’s Disco Bay y termina con los icebergs que llegan a la costa este de Terranova. Para entonces los icebergs han viajado cientos de kilómetros y llegan en pequeños fragmentos, bellas y fantasmales esculturas.

El iceberg por naturaleza se mueve y viaja hacia donde las corrientes marinas lo llevan, y según el volumen del bloque, pasarán meses o años para que se derrita. En este proceso, se fragmentará, viajará en varias direcciones, se moverá según las fuerzas que actúen sobre él.

Simon Harsent, cautivado por el viaje que emprenden los icebergs, por el resplandor y luminosidad de estos enigmáticos bloques de hielo, optó por hacer una serie de fotos para exaltar la fuerza, la fragilidad, la infinidad de formas irrepetibles de la naturaleza.

Los icebergs pueden llevar vida: es capaz de transportar polvo y fragmentos de roca que pueden actuar como nutrientes cuando se derriten en el océano, y así incrementar la productividad de las algas y las diatomeas –uno de las formas más comunes de fitoplancton— en la base de la cadena alimentaria.

Por otro lado, también pueden ser un peligro para los navegantes, como en el famoso caso del Titanic; pueden tener un impacto negativo al actuar como barrera contra el influjo de kril (una fuente de alimentos vital para muchos animales como pingüinos, focas y aves); o alterar la densidad del agua y cambiar su temperatura, afectando los ciclos alimentarios de los animales.

Los icebergs continuarán bellos y destructivos, como los humanos, que a pesar de tener claras las señales para dejar de afectar la capa de ozono, continúan sordos y ciegos.

 

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