Hoy desaparecida, esta tímida ave de proporciones casi minúsculas (máximo 17 centímetros) debe su extinción a los drásticos cambios de hábitat.

La forma de apropiación de los recursos naturales en pos de nuestro progreso como civilización ha sido adversa para un sinfín de especies. Un paradigma de esta situación es el caso de la cuenca del Lerma Chapala, donde resultan devastadores los efectos del cambio de vegetación natural por cultivos y una urbanización nada planeada: pérdida de biodiversidad, aunada a un desatado proceso de degradación química y física de los suelos, son efectos que se perciben negativamente a la vista y al olfato al acercarse a la zona. Nosotros, generadores de este cambio, vivimos, sobrevivimos la circunstancia.

La polluela amarilla de Lerma (Coturnicops noveboracensis goldmani) habitaba los pantanos de agua dulce, las praderas cenagosas con vegetación baja de la parte alta del río Lerma, las zonas acuáticas del Estado de México y, retrocediendo aún más en el tiempo, las regiones acuáticas del valle de México. Hoy desaparecida, esta tímida ave de proporciones casi minúsculas (máximo 17 centímetros) debe su extinción a los drásticos cambios de hábitat que componen nuestro entorno: lagos secos, pantanos que ahora son campos de cultivo y caudales anegados de suciedad cavaron la tumba de esta y otras especies; cae el peso de sus ausencias en los tomadores de decisiones, en su falta de visión a futuro, en la falta de acuerdos para propiciar un desarrollo congruente con la vocación del territorio, de la naturaleza.

En vistas de más cambios en la zona lacustre del valle de México, conviene mirar lo que perdimos, lo que queda, y cómo influyen nuestras decisiones en hacer de nuestro territorio un lugar más habitable, no sólo para nuestra especie.

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