A menos de un mes de las elecciones, Martín Cortina analiza las "propuestas" medioambientales de los candidatos a la presidencia de México.

La cuestión del medio ambiente y su degradación quedó desatendida, en términos generales, en los proyectos de nación de cada uno de los candidatos presidenciales. Su indiferencia hacia el tema resulta francamente preocupante, porque hay diversos temas que exigen la implementación de políticas públicas concretas. Destacan los señalados en la Agenda Ambiental 2018, Diagnóstico y Propuestas, que la UNAM presentó a los candidatos en abril: escasez de agua, riesgos para la biodiversidad y para areas naturales, transición de fuenetes energéticas alimentadas por combustible fósil a fuentes de energía renobable, la huella ambiental de la minería, la crisis alimentaria, y el respeto a los derechos humanos relacionados con el medio ambiente. Hay otros: la regulación del uso de especies transgénicas en la agricultura, el uso de pesticidas, la endeble situación de los polinizadores, etcétera.

¿Qué han dicho o, mejor aún, qué han omitido los protagonistas de la contienda?

Anaya, quien es, según los expertos, el que mejor conecta con la llamada generación milénica (la más preocupada por estos temas), asegura que uno de los cinco ejes de su Plan Para Transformar a México, Crecimiento económico e igualdad, nadie se queda atrás, incluye una política de medio ambiente y desarrollo sostenido. Puede ser en el dicho, pero los documentos de la coalición Por México al Frente accesibles al público carecen de propuestas concretas y razonadas.

Por otro lado, el programa político de López Obrador, Proyecto de Nación 2018-2024 o Proyecto 18, un documento de poco más de 400 páginas, apenas sugiere algunas propuestas en materia energética o educativa, que podrían producir indirectamente algún impacto ambiental. Por ejemplo, el impulso de refinerías de biodiesel, sin ahondar en otras alternativas —en el marco de la transición hacia las llamadas energías renovables— o el establecimiento del programa Jóvenes con Escuela, que otorgará becas para jóvenes que realicen investigaciones y trabajos de tesis sobre medio ambiente y actividades agropecuarias, sin específicar el método con el que se diagnosticará si éstos podrán representar o no una contribución efectiva en la materia.

De manera intempestiva, el 5 de junio, Josefa González, quien de resultar electo Andrés Manuel sería la titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, reveló a través de la plataforma Abre Más Los Ojos, la propuesta ambiental NaturAMLO. Ésta se articula alrededor de enunciaciones abstractas del estilo de “autodeterminación de pueblos originarios y comunidades locales”, “perspectiva de género y principio intergeneracional”, por poner algunos ejemplos.

El Bronco, Jaime Rodríguez Calderón, candidato muy alejado en las encuestas, fiel a su improvisación, propone muy a la ligera un “subsidio y disminución de impuestos a empresas que reduzcan contaminación”.

Por último, Meade propone cinco puntos básicos: (i) evitar el desperdicio de alimentos y agua para abatir la carencia alimentaria en el país (aspecto sobre el que hablé en mi columna anterior); (ii) ampliar el uso de energía limpia en los hogares; (iii) políticas públicas que preserven el capital biológico y ecológico; amigables con el turismo y la recreación; (iv) ciudades inteligentes, con servicios sustentables y respetuosas del medio ambiente, y finalmente, (v) atraer inversiones por 550 mil millones de pesos para impulsar la generación de energías limpias.

Como se puede ver, todo esto no es más que una amalgama de propuestas ambiguas, carentes de una articulación lógica y un sustento serio. Por desgracia, éste no es el único rubro que trasluce la debilidad de los aspirantes a tomar las riendas del gobierno del país.

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