Durante el evento Transforming Transportation del Banco Mundial, expertos señalaron los aspectos a considerar para regular la micromovilidad.

El uso de monopatines es cada vez mayor en las ciudades latinoamericanas. En tan sólo seis meses de operación, la flota de monopatines de la startup Grin, por ejemplo, ha realizado 805 mil viajes en las ciudades en las que tiene presencia (comenzó en la Ciudad de México y se extendió a Colombia, Brasil y Chile) y la empresa ya cuenta con alrededor de 600 mil usuarios.

La proliferación de alternativas de micromovilidad ha empujado una discusión respecto a la regulación de estos medios de transporte en foros como el Transforming Transportation, del Banco Mundial. En dicho evento, autoridades, expertos y empresas hablaron sobre los desafíos de este proceso: todos coincidieron en la necesidad de establecer reglas para las compañías que brindan estos servicios, sin embargo, también se mencionó que la regulación debe permitir (no obstaculizar) la operación de estas empresas, ya que ésta puede mejorar la calidad del aire de las ciudades, entre otros beneficios.

Pese a las ventajas que representan, existen otros aspectos que deben considerarse a la hora de establecer las reglas de operación de estos vehículos de micromovilidad: uno de ellos es si los monopatines deben “estacionarse” sobre la banqueta, un espacio que debería ser exclusivo de los peatones.

La discusión continúa, aunque la balanza parece inclinarse a favor de este medio de transporte. Según expertos del International Transport Forum, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicará el próximo mes un reporte que exhortará a las autoridades reguladoras de sus países miembro a mantener una actitud liberal frente a estos servicios y a permitirles actuar como sistemas innovadores.

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