Las propiedades medicinales de los achoques del lago de Pátzcuaro, los hicieron atractivos para las religiosas dominicas quienes mantienen un criadero.

La iniciativa de las religiosas dominicas, de establecer un criadero de achoques es actualmente, la clave para la sobrevivencia de esta especie que se encuentra en peligro de extinción. La venta de un jarabe para la tos elaborado con la piel de las salamandras es uno de los ingresos más significativos para las 20 monjas que viven en el convento de la Basílica de Nuestra Señora de la Salud en Pátzcuaro, Michoacán.

Las hermanas han fabricado el jarabe a base de piel de achote por casi 100 años. Hasta hace 18 años, ellas aún obtenían a algunos de estos animales directamente del lago, pero desde la década de los 80, cuando notaron que cada vez era más raro encontrarlos, e incluso que estaban por desaparecer por completo, las dominicas empezaron a formar su propia granja acuática. Así aseguraron la prosperidad del negocio del jarabe.

La adversidad

El riesgo de extinción de los achotes se debe al aumento de la ocupación humana alrededor del lago de Pátzcuaro, su hábitat original, uno de los cuerpos de agua dulce más grandes de México. Esto ocasionó la contaminación del agua ya que las comunidades aledañas se deshacen ahí de aguas residuales.

Se practica ganadería en terrenos colindantes, lo cual genera deforestación y erosión debido al pastado de los animales. Esta deforestación, además de la tala comercial e ilegal desmedida en sus alrededores, permite que los deslaves ocasionados por fuertes lluvias arrastren lodo y desechos hasta el lago.

También, los pescadores locales solían extraer a los achoques que servían como alimento; esta práctica data de antes de la conquista. Hasta finales de los ochenta, era común encontrar achoques como productos en mercados cercanos al lago.

De forma paralela, en los años treinta, se introdujeron lobinas negras, y, en 1974, carpas para permitir que la pesca se convirtiera en una actividad económica viable para la población local que aumentaba. Estos peces se alimentan de huevos y larvas de achoques más rápido de lo que la especie puede recuperarse de la depredación, lo que también ha contribuido a su desaparición.

Además, para 2010, una disminución de lluvias en la zona ocasionó que la profundidad del lago disminuyera más de tres metros. Para los achoques, esto significó la reducción de su hábitat.

La salvación

En la actualidad, aproximadamente 300 achoques viven en acuarios y tinas que conforman el criadero de las dominicas. Fuera de éste, no es fácil hallar más especímenes, excepto por algunos que aún sobreviven en el norte del lago. Sin embargo, ahí su población sigue disminuyendo rápidamente, por lo que, el trabajo de las religiosas es de gran importancia para la conservación de estos anfibios.

Sus características

Los achoques son más grandes que otras salamandras. Llegan a medir hasta 40 centímetros de largo. A diferencia de otras especies, al dejar de ser larvas no pierden sus branquias, sino que las desarrollan, lo que les permite vivir por completo bajo el agua.

A pesar de la intervención de la orden religiosa, debido al reducido número de especímenes existentes, los achoques son uno de los 12 tipos de salamandras mexicanas en peligro de extinción, de acuerdo con la lista roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Fuente de información: nytimes.com/es

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