Anillamiento-flamingos
Edición 17
Foto Bernardo Flores
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El Caribe mexicano se tiñe de rosa

Por Lydiette Carrión

Cerca de 32 000 ejemplares —cifra récord— de flamingo rosa habitan en la península de Yucatán, gracias a un exitoso programa integral de conservación liderado por la Fundación Pedro y Elena Hernández.

Es muy temprano aquella mañana de agosto de 2015 en la Reserva de la Biosfera Ría Lagartos, localizada en el Noreste de la Península de Yucatán. Quinientos polluelos de flamingo rosa del Caribe (Phoenicopterus ruber) se mueven dentro de un corral improvisado sobre la playa. Tienen el tamaño de una gallina, y todavía no alcanzan la espigada estatura de los adultos (hasta 1.20 metros). A esta edad, casi tres meses, su plumaje carece del vistoso y característico tono rosado que adquirirá más adelante a través del alimento: pequeños crustáceos llamados artemias.

Ésta es la etapa indicada para colocarles anillos de identificación en las patas, que son lo suficientemente gruesas para que los aros no resbalen. Además, las crías no pueden volar (aunque lo harán en poco tiempo), así que es posible retenerlos por unas horas.

Todo el proceso, en el que participan cerca de 200 voluntarios, es organizado y ejecutado por técnicos y personal capacitado de la Fundación Pedro y Elena Hernández, con el respaldo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur). Con sumo cuidado, los involucrados sacan a las pequeñas aves una a una; les colocan una venda en los ojos y las pesan; luego miden sus alas, obtienen una muestra de sangre y, finalmente, ponen los dos anillos: uno de plástico, que este año ha sido amarillo (así, cada vez que en el futuro se aviste un flamingo con anillo amarillo, se sabrá que nació en 2015). El otro es de metal, y funciona como una placa de identificación individual.

Una vez marcados, es posible seguir y monitorear los movimientos de estos cientos de ejemplares, así como detectar los puntos específicos donde se alimentan y migran (en México, nacen en Ría Lagartos, pero a lo largo del año se trasladan a Ría Celestún y Los Petenes, en el Suroeste del estado). Además, por medio del color de los anillos, que cambia cada año, se sabe a simple vista la edad de cada ave (por ejemplo, hace tres años se observó un animal nacido en 1989; portaba un aro verde). También se puede saber dónde nació, sin importar en qué país se le vea después. En territorio nacional se han hallado ejemplares provenientes de Cuba y las Antillas, y en esas regiones, otros que nacieron en nuestro país.

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