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Crónica: Hospital Veterinario de Especialidades UNAM: ¿cómo funciona la sala de Urgencias? (II de II)

Texto e imágenes: Ana K. Camacho

La Doctora Ylenia Márquez entró a trabajar al HVE en 2009 como Jefa en el área de Urgencias y Terapia Intensiva, además es académica de la Facultad de Medicina Veterinaria. Con ella trabajan tres residentes y cuatro internos, divididos en áreas y turnos: terapia intensiva de día, noche y consultas en urgencias.

Dra. Ylenia Márquez, jefa de Urgencias del HVE

“En el área de Urgencias recibimos casos muy dramáticos: pacientes muy lesionados y gravemente enfermos, que tienen regularmente un compromiso crítico de vida” dice la Dra. Márquez. Agrega que el ambiente del lugar suele ser tenso porque los animales son parte de una familia que también está angustiada y sufriendo, lo que añade nerviosismo en todos. Para muchas de estas personas, los pacientes son sus bebés, sus chiquitos de la casa por lo que cuando enferman —o se ponen graves— se rompe el equilibrio en el hogar.

“Por ejemplo, regularmente los niños pequeños se identifican con los animales porque están en una clase de nivel compartido, son los más pequeños de la familia, y cuando se enteran que sus hermanitos no humanos se mueren, es muy dramático para ellos darse cuenta de la mortalidad y vivir la muerte tan de cerca” comparte la Dra. Márquez respecto a las complicaciones de su experiencia en el área de Urgencias.

Muchos de estos pacientes pueden compartir enfermedades similares a las de integrantes de las familias a las que pertenecen “Es común que lleguen [los pacientes] y les diagnostiquemos insuficiencia renal y luego nos comenten <>” comenta la Dra. Márquez, lo que agrega a la experiencia de la enfermedad del animal mayor dramatismo.

El día a día laboral de la Dra. Márquez y su equipo es impredecible “Se dónde inicio pero no sé dónde voy a terminar. En la mañana regularmente hacemos rondas, tenemos discusiones de casos de 9 de la mañana a 10, acerca de los pacientes que tenemos hospitalizados. Los revisamos, consultamos la literatura, lo que estudiaron los alumnos y hacemos una discusión del caso clínico”.

Como académica de tiempo completo, las clases de la Dra. Márquez inician a las 8 de la mañana —la hora en la que comienzan a atender a los pacientes—. “De repente sí tenemos pacientes todo el día muy graves, es increíble. Llevamos un control en un pizarrón y en ocasiones tenemos que hacerle anexos abajo. O podemos tener días tranquilos, como hoy, que no hemos recibido pacientes tan graves, sólo se han quedado dos. Por eso es impredecible, sobre todo en el área de urgencias” cuenta la Doctora.

La mayor parte de los pacientes en Urgencias son perros, sólo el 18% son felinos. Lo más común es que presenten cuadros de vómito, diarrea o convulsiones; después le siguen casos de traumatismos.

Algo que no se realiza en el hospital son cirugías estéticas: “Es algo que el animal no necesita” cree la Dra. Márquez “Vamos a someter al paciente a un riesgo anestésico y a sufrir dolor de recuperación por satisfacer un gusto humano”

Visitar el HVE es una experiencia surreal debido a que no estamos acostumbrados a esta clase de experiencia que involucra animales. Estamos familiarizados con los hospitales de humanos, por lo que ver la atención profesional hacia otros seres vivos puede resultar extraño.

Al platicar con la Doctora Márquez fue imposible no contarle la historia de Primo y Morris. Se necesita corroborar ya que un caso de psicología animal de éxito es un caso sorprendente. Al respecto, la doctora comentó que cuando los pacientes llegan al hospital —regularmente con lesiones— se les hace un diagnóstico médico, para conocer la causa y ver indicadores de dolor. Si el asunto no es médico, entonces los remiten al área de etología —especialidad que atiende los problemas de comportamiento, o psicología de los animales— para que les ayuden a solucionar el problema. Muchas veces se trata de ansiedad, entonces es común que se traten de manera integral con el HVE, entre la parte médica y la clínica de etología.

Después de un año de terapia, Primo se convirtió en el gato de Morris: juegan, se acicalan y comparten el espacio en armonía. Ahora, Raquel y Alberto cuentan esta historia de frustración y éxito en cada reunión en la que se tiene un momento de apreciación para gatitos.

Alberto y Raquel con Morris y Primo, respectivamente.

 

 

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