La isla, que había gozado ocho millones de años de tranquilidad, fue reportada y dejada en paz por lo menos hasta el siglo XIX.

En 1596, un avezado explorador y comerciante español de nombre Sebastián del Vizcaíno, encabezó una expedición cuyo propósito era dar los primeros pasos en la colonización de California. La aventura no conquistó su objetivo, pero sí legó la fundación del puerto de La Paz en lo que hoy es Baja California Sur. Durante una segunda expedición, emprendida en 1602, Vizcaíno delineó una serie de rutas seguras por las que habría de transitar la Nao de China y que se extendían de cabo San Lucas a cabo Mendocino. Una de ellas pasaba cerca de la Isla de Guadalupe, paraíso natural con una extensión de 290 km2, ubicado 260 km al oeste de la costa de Baja California. Al descubrirla, Vizcaíno seguramente vislumbró, sobre las rocas volcánicas que la conforman, un espeso bosque de Brahea edulis, planta conocida, actualmente, como palmera de Guadalupe; una especie endémica del lugar.

La isla, que había gozado ocho millones de años de tranquilidad, fue reportada y dejada en paz por lo menos hasta el siglo XIX, cuando cazadores de diversas nacionalidades arribaron a ella en busca de la carne y la grasa que las extensas colonias de lobos y elefantes marinos les podían proveer. Otros visitantes llegaron tripulando barcos balleneros que continuamente buscaban refugio en la isla y que, lamentablemente, llevaron consigo especies de otras latitudes que se convirtieron en una seria amenaza para el privilegiado ecosistema. Los impactos provocados por semillas, ratones, perros, gatos y cabras pronto se hicieron patentes: la flora local mermó de manera considerable y el bosque de palmeras prácticamente desapareció.

En 2006, la isla, los islotes cercanos y el mar que los circunda, quedaron protegidos gracias a la creación de la Biosfera de la Isla de Guadalupe. Aunque este hecho incluyó la erradicación de especies invasoras, la Brahea edulis aún se encuentra en peligro de extinción, pues su restablecimiento en el sitio que la vio nacer no ha quedado garantizado.

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