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Agua y ecoturismo, aspectos a considerar

Por: Agua.org.mx
A nivel global, México posee un patrimonio cultural y ambiental envidiable, lo que le confiere características particularmente atractivas para el turismo. Sabemos que el turismo es un sector en crecimiento y con crecientes inversiones, se habla comúnmente de su importante contribución al PIB y año con año se destacan los ingresos económicos que genera. Sin embargo, el turismo también trae consigo diversos impactos, entre ellos, en la calidad y disponibilidad del agua.
El modelo de desarrollo turístico mexicano se ha centrado principalmente en complejos costeros altamente concentrados. Así, la demanda internacional encuentra su base en el mercado masivo y en destinos de sol y playa como Cancún, la Riviera Maya, la Riviera Nayarit y Los Cabos. De acuerdo a la SECTUR, en 2016 el flujo de turistas internacionales sumó 35 millones de personas. Esto quiere decir que hubo una afluencia importante en unos cuantos destinos, lo que tiene un impacto inevitable en los acuíferos, que son contaminados y explotados en niveles que sobrepasan su capacidad natural de recarga.
Quintana Roo concentra casi la mitad de llegadas del turismo internacional y casi dos tercios de las noches de hospedaje en la región sur-sureste; por su importancia y la gran demanda de agua que esta zona representa, los acuíferos son objeto de fuertes impactos ambientales. Se ha documentado la presencia de contaminantes como cafeína, ibuprofeno, naproxeno y cocaína, principalmente en el agua de los cenotes, además de cianobacterias derivadas de las descargas de aguas residuales hacia los cuerpos de agua. Cancún fue alguna vez un paraíso con extensas lagunas, playas, selvas y arrecifes apenas conocidos por algunas comunidades. Debido a la remoción de la vegetación natural de sus playas los gobiernos municipales y estatal, llevan a cabo importantes inversiones para llenar las playas con arena “de bancos cuidadosamente seleccionados”, pues sin vegetación que la proteja, el mar erosiona alarmantemente la playa “pelona”. Esta remoción de la duna costera, junto con la deforestación de manglar mantienen a gran parte del estado en situación de alta vulnerabilidad durante las temporadas de tormentas.
Por otro lado en Los Cabos (San Lucas, San José y el corredor turístico) Baja California Sur, al norte del país la problemática es sustancialmente diferente. En esta región con climas áridos y semidesérticos, y con una mínima precipitación —el año pasado fue de 200 mm, la más baja del país, que en promedio registró 744.1 mm—, se han establecido al menos 13 campos de golf de primer nivel; se estima que un campo de golf puede requerir desde 800 mil hasta 1.5 millones —o más— litros de agua diarios, ¿esto le suena lógico? Además, la extracción excesiva en cuerpos de agua cercanos a la costa favorece la intrusión salina en los ya explotados acuíferos, lo que tiene considerables consecuencias ambientales, y no está de más decir que buena parte de la población local desplazada por los megaproyectos turísticos sufren de escasez, además de pagar el agua a precios más elevados.
En este contexto, el ecoturismo resulta una alternativa ideal para la conservación de la calidad y la cantidad de agua en los acuíferos. ¿Por qué?, primordialmente porque tiene un fuerte componente de ordenación del territorio. Algunas de las premisas esenciales del ecoturismo pugnan por la promoción de la conservación de la naturaleza y el involucramiento activo de la población local. Es decir, busca la apreciación de los atractivos naturales y culturales de los destinos, que están en armonía con el uso del suelo, por eso es común que el ecoturismo se promueva en áreas con algún grado de protección.
La diversidad del país lo hace ideal para fomentar el ecoturismo en costas, bosques, ríos, lagos y montañas. Como el ecoturismo, hay distintas modalidades de turismo alternativo (p. ej. turismo de aventura), todas ellas procuran acercar al turista a experiencias cercanas con el entorno natural. El ecoturismo no apuesta por campos de golf en el desierto, ni por la remoción de la duna costera o el relleno del manglar. Apuesta por la organización comunitaria y la promoción de atractivos naturales y culturales locales, es decir, por la inclusión y la sostenibilidad. Por eso, junto a un creciente número de turistas, el agua, la vida que alberga y la que hará florecer, también apuestan por el ecoturismo.
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