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Reportaje: Educación ambiental en México (I de II)

Por: Paulo Quadri | @paulo_quadri

Es evidente que la educación en México se encuentra hoy en tiempos coyunturales. Aunque muchos lo nieguen, la reforma educativa es un ajuste suficiente para detonar una serie de procesos de transformación de mediano y largo plazo que serán críticos para modernizar el aparato educativo del país. Entre estos procesos hay que destacar la autonomía al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y el fin de la heredabilidad de plazas docentes. Más allá de estos ajustes de corte administrativo e institucional, se encuentra el tema de los contenidos, y de los métodos a través de los cuales se generan, transmiten, y adoptan estos contenidos. Los debates y procesos a través de los cuales se pretende mejorar la calidad de los planes de estudio y de sus contenidos serán fundamentales para lograr que la educación pública en México esté a la altura de las demandas globales, nacionales y locales del siglo XXI. En particular, con el objetivo de formar individuos y ciudadanos capaces de participar en la vida pública y en la toma de decisiones que ayudan a construir la democracia y sus instituciones.

Desafortunadamente, durante las últimas décadas, los atrasos institucionales educativos en México habían exigido, hasta hoy, la resolución de temas más urgentes o primordiales que la sofisticación de los contenidos. Esto provocó que el sector ambiental en México invocara un plan alterno para parchar las deficiencias de los programas de estudio, y así, de manera contingente, nació el concepto de educación ambiental. La deficiencia más importante de la concepción mexicana de educación ambiental es, que, por su nacimiento contingente e inorgánico, es considerada u operada como si fuese una materia o tópico adicional, en lugar de tratarse como un paradigma o un eje sustantivo de todas las materias y tópicos educativos que se enseñan en la escuela. En parte por esta razón es que la semarnat y otras agencias de gobierno han comprometido recursos significativos para la creación de un sinnúmero de programas, talleres, cursos, estrategias de educación ambiental que tratan de alcanzar objetivos sumamente ambiciosos a través de proyectos atomizados que están desvinculados institucionalmente de las estructuras centrales de educación, y que no tienen el alcance institucional, político y legal para transformar o sanar las deficiencias del sistema educativo.[1] Lo que más producen estas estrategias y programas son folletos y documentos con bonito diseño.

En contraste, en muchos países de Europa, como Dinamarca, Holanda, Alemania, que hoy en día están a la vanguardia en materia de sustentabilidad, no existen y nunca han existido estos programas, talleres, cursos, estrategias y sin fin de documentos que intentan crear educadores ambientales e inyectar o salpicar currículos escolares con contenidos ambientales. En estas naciones, lo que ha imperado son procesos de educación de alta calidad en ciencias naturales, ciencias sociales, tecnología, humanidades y sus intersecciones, que han incorporado de manera orgánica perspectivas de sustentabilidad en los conceptos, discursos, ejemplos, laboratorios, aplicaciones, discusiones y demás elementos del andamiaje educativo. Para ilustrar un poco lo anterior, echemos un vistazo a documentos de análisis y evaluación de la educación ambiental en la Unión Europea desde 2001, elaborado por expertos de la London School of Economics del Reino Unido. En este documento se destaca como en Dinamarca, por ejemplo, la ley de educación pública de 1994, conocida como Folkeskole en danés, establece tres ejes rectores que deben permear todas las disciplinas de los programas educativos: tecnologías de la información, el eje práctico y musical (incluye educación física y artes), y el eje verde que se describe textualmente como “la manera en que individual y colectivamente manejamos la interface entre nuestras vidas, la naturaleza, y la sociedad. Es una dimensión que debe ser tratada en todas las materias y por tanto no es simplemente un asunto de la geografía, la biología o los estudios culturales. La experiencia de la naturaleza es tomada como una base para el conocimiento y la reflexión.”[2]

En Alemania, el paradigma educativo reconoce genéticamente la importancia de las interacciones de los alumnos con sus ambientes locales, y promueve con firmeza que los niños y jóvenes usen sus espacios públicos, los respeten y colaboren para mejorarlos, incluyendo por supuesto los parques públicos locales o nacionales. Cabe decir aquí que en México los parques nacionales y otras áreas protegidas ni siquiera son públicas, cerca del 80% son privadas, así que, en principio, tratar de inculcar en los jóvenes un sentimiento de responsabilidad e identidad con dichos sitios es un tanto imposible.

Siguiente entrega: ¿Qué pasa con la educación en México?


 

[1]Aquí, por ejemplo, podemos ilustrar este enfoque atomizado y desvinculado en el que se propone la “realización de programas y proyectos que tengan como fin la construcción de una cultura ambiental en el país” http://www.cefimslp.gob.mx/V2/images/Presentaciones/Foro_San_Luis_Sustentable_2017/Estrategia_Educacion_Ambiental_Sustentabilidad_SEMARNAT.pdf

[2] http://citeseerx.ist.psu.edu/viewdoc/download?doi=10.1.1.102.9715&rep=rep1&type=pdf

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