En China se respira, principalmente, partículas finas y gruesas (PM2.5 y PM10, sobre todo carbono negro), ozono (O3), óxidos de nitrógeno (NOx), monóxido de carbono y dióxido de azufre (SO2).

El origen de la densa neblina que cubre todo el país puede rastrearse desde 1977, cuando el entonces presidente, Deng Xiaoping, implementó el plan de desarrollo económico conocido como las Cuatro Modernizaciones (que entró en vigor un año después); se trató de una reforma financiera para actualizar la industria, la tecnología, la agricultura y el ejército chino. En consecuencia, la iniciativa implicaba el consumo de grandes cantidades de energía, agua y materias primas; proceso que significó un alto costo ambiental, y que la cúpula del Partido Comunista de China aceptó pagar, para garantizar el sustento de un excedente poblacional que hizo de China la nación más poblada del mundo.

Durante los 80, las provincias de Guangdong (sur) y Hebei (noroeste) se convirtieron en el epicentro del desarrollo comercial e industrial del país, respectivamente. En el noroeste, se establecieron las primeras plantas de energía eléctrica, minas, fábricas de capital nacional y transnacional, y las primeras unidades habitacionales que se convirtieron en hogar de la naciente clase media china, que padecería los estragos de esa revolución industrial tardía. Hebei es donde se halla la próspera Beijing, capital del país, y una de las ciudades más beneficiadas por la mano de obra abundante y la quema de miles de millones de toneladas de carbón por año (el combustible más usado desde 1949 y cuyo uso fue prohibido en 2014, cuando se quemaron 4 000 millones de toneladas), que comenzaron a nublar su cielo.

Desde la capital, el Partido ordenó la construcción de represas en los más importantes ríos de China para desviar su curso a otras urbes y a los campos de cultivo; el cambio de uso de suelo de extensas áreas naturales para convertirlas en sembradíos, zonas habitacionales o fábricas, y el establecimiento de carreteras y puentes. Asimismo, apoyó el crecimiento de la industria automotriz y permitió la masificación del uso del automóvil y las motocicletas a finales de los 90. Dichas acciones trajeron múltiples consecuencias ambientales, pero las más evidentes fueron la neblina de contaminación y la lluvia ácida que hoy afectan a todo el país.

Todo menos aire

En China se respira, principalmente, partículas finas y gruesas (PM2.5 y PM10, sobre todo carbono negro), ozono (O3), óxidos de nitrógeno (NOx), monóxido de carbono y dióxido de azufre (SO2). Entre las partículas, las PM2.5 son consideradas mortales por la Organización Mundial de la Salud (oms), pues agravan el riesgo de desarrollar problemas cardíacos y pulmonares. Este organismo señala que la media anual de partículas finas a las que una persona puede estar expuesta sin afectar su salud es de 10μg / m3; las normas de Estados Unidos y de la Unión Europea son 12 y 10μg / m3, respectivamente, mientras que en China, esta media es rebasada hasta 10 veces por día, ya que en las ciudades más contaminadas del país, como Tangshan, en Hebei, la cantidad de partículas finas alcanza los 176μg / m3, según el Índice de la Calidad del Aire nacional.

Vivir en la niebla

Una nata café, a veces grisácea, ha convertido el ejercicio al aire libre, la vida sin cubrebocas y el cielo azul en cosas desconocidas para los niños de las urbes nacidos en las últimas dos décadas. Año con año, Beijing, Shanghái, Xingtai y 71 ciudades más se sumen en la oscuridad más profunda, debido a las constantes tormentas de arena y a la nube tóxica que las envuelve. Se sale sólo para ir a la escuela o para asistir al trabajo.

Al mismo tiempo, las enfermedades respiratorias y cardiovasculares crónicas se han incrementado; sin embargo, como menciona el investigador mexicano Ricardo Chaparro, quien se encuentra en la Universidad de Zhejiang, el sistema de salud chino se ha reorganizado eficazmente para atender la salud de los habitantes del país por este tipo de afecciones, donde el cáncer de pulmón es la principal causa de muerte.

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