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CONEJO DE LOS VOLCANES

El 1º de noviembre de 1519, Hernán Cortés partió de Calpan con rumbo a Tenochtitlan. Ese mismo día arribó al punto entre los volcanes que hoy se conoce como Paso de Cortés. Cien kilómetros lo separaban del centro del imperio mexica, pero sólo unos cuantos pasos del conejo de los volcanes (Romerolagus diazi), también conocido como zacatuche o teporingo, habitante del valle cuya llegada antecedió a la de los aztecas por varios miles de años.

Zacatuche es un término náhuatl que significa conejo de los zacatonales y que alude a los pastos altos en que habita. Por otro lado, se cree que la palabra teporingo podría derivar de tepolito, que en náhuatl significa el de las rocas. El conejo de los volcanes es una de las especies emblemáticas del valle de México. Es considerado uno de los conejos más pequeños del mundo (superado sólo por el conejo pigmeo), pues su longitud alcanza, en promedio, sólo 30 cm.

A mediados de los 80, autoridades mexicanas realizaron una búsqueda de zacatuches en distintos volcanes del centro de la república, pero su presencia sólo pudo verificarse en tres áreas del Eje Neovolcánico Transversal: la Sierra Nevada, el volcán Tláloc y el volcán Pelado. A principios de los 90 se concluyó que su distribución total abarcaba un área de 368 km2, correspondiente a 16 zonas aisladas de los volcanes Pelado, Tláloc, Popocatépetl, Papayo e Iztaccíhuatl. Según información de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), no se han hecho estudios sobre la densidad poblacional de los zacatuches desde 1994, cuando un recuento de heces fecales en el volcán Pelado mostró una disminución de sus ejemplares en comparación con décadas anteriores.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha considerado a esta especie en peligro de extinción desde 1966. Décadas más tarde, en 1991, el conejo de los volcanes ingresó a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES). Ya entonces, el Instituto Nacional de Ecología de la UNAM alertaba sobre la fragmentación de su hábitat, provocada, entre otras causas, por el crecimiento desmedido de la Ciudad de México, así como por la tala, la ganadería, la agricultura y los incendios forestales.

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