Zona verde
0

Opinión: La ciudad se ahoga, la autoridad se oculta detrás de su cortina de humo

Por Hilda Martínez Salgado*

La Ciudad de México despertó el 21 de mayo de 2017 en su sexto día de contingencia ambiental por elevados índices de ozono. Aunque esta línea parecería la entrada de una novela apocalíptica del futuro, es lo que vivieron los habitantes de la Ciudad de México y la zona conurbada.

Las condiciones meteorológicas como las altas temperatura, la radicación solar, la falta de vientos, así como la situación geográfica de la ciudad juegan un papel muy importante en el hecho de que los contaminantes no se puedan dispersar con facilidad, y se han vuelto el pretexto perfecto de las autoridades para no controlar el problema, sin embargo, esto sucede año con año, y no es algo que tenga sólo referente en el último lustro.

La información existente demuestra que la calidad del aire de la CDMX ha menguado en los últimos cinco años, justo coincidiendo con el inició de gobierno de Miguel Ángel Mancera, y aunque el tema de calidad del aire implica la participación de las otras cinco entidades que conforman la Comisión Ambiental Megalopolitana (CAMe) es increíble el poco liderazgo que ha demostrado el doctor Mancera y su secretaria del Medio Ambiente, Tanya Müller García.

También es cierto que lo niveles para decretar la contingencia ambiental han ido a la baja, pero los datos demuestran que los niveles de concentración de ozono han ido al alta en los últimos cuatro años, y esto se debe a que no se han atacado las fuentes de los de precursores de ozono, como son los NOx, y cuya principal fuente son los vehículos automotores.

En este sentido, se vuelve importante recalcar que la decisión de bajar los niveles de las contingencias se propuso desde el 2006, así como su aplicación de manera gradual. Esta fue una decisión concertada entre las entidades del entonces Distrito Federal, Estado de México y el gobierno Federal, a través de sus diversas secretarías. Todo esto con la intención de forzar la aplicación de políticas más estrictas para disminuir la contaminación y reducir el riesgo de la población. Por lo mismo, esto no debería estarse utilizando de excusa por ninguno de los funcionarios públicos.

Aún con la aplicación de estos nuevos umbrales, escalonados tanto en el tiempo y en concentración, una contingencia mayor a cinco días continuos se presentó en el 2013 (nuevamente durante el gobierno de Mancera) y previo a esto en el 2006.
Las autoridades de la CDMX y la CAMe saben cuáles son las principales fuentes que tienen que atacar para reducir las emisiones de ozono y partículas, lo contaminantes que provocan las contingencias en la ciudad. También saben que medidas hay que aplicar en cuestiones de movilidad y de desarrollo urbano para poder combatir este problema, pero éstas son demasiado drásticas y por ende demasiado costosas en las aspiraciones políticas de cada uno de ellos.

Y aunque la aplicación de políticas públicas es tarea del Estado, llama la atención el silencio por parte de las organizaciones no gubernamentales, la academia y la sociedad en general respecto al tema, ya que no estamos hablando de un incidente menor.

Es sumamente importante hacer notar y enfatizar que los ciudadanos si están en una situación de riesgo, ya que la exposición prolongada a contaminantes como el ozono hace que el malestar empiece como algo menor (enfermedades respiratorias leves), para pasar en un largo plazo a algo sumamente grave para el organismo (asma, enfisema, bronquitis). Lamentablemente la población más vulnerable en estos casos son los adultos mayores y niños, aquellos con poco o nulo poder de decisión, tan solo el 33% de la población de la Ciudad de México.

Si queremos aire limpio, como ciudadanos debemos de exigir que estos tomadores de decisión, tanto de la Ciudad de México, como de las otras cinco entidades que conforman la CAMe, que supuestamente representan nuestros intereses, cumplan con medidas necesarias que realmente ayuden a su mejora. Es decir, más allá de un corredor de buses eléctricos, tres taxis eléctricos o proponer sacar el 0.05% de la flota de diésel de circulación para salir en la foto, la aplicación de un piloto de zonas de bajas emisiones, etc., etc. exijamos medidas integrales que brinden atacar el problema de raíz.

En la atmósfera flota la incompetencia por parte de la autoridad para garantizar calidad de vida a sus habitantes. La contingencia en estos momentos no es sólo ambiental, es política, es social, y es de urgente solución, pero nada hasta el día de hoy ofrece claridad por parte de las autoridades, de las entidades que forman esta megalopolis. La ciudad se ahoga mientras autoridad y organismos de la sociedad civil tosen de “electorería” y oportunismo político detrás de su propia cortina de humo.

*Hilda Martínez Salgado tiene más de 18 años de experiencia en temas ambientales. Ha trabajado en el sector público, la iniciativa privada y en organismos de la sociedad civil. Es Ingeniera Química por la Universidad Iberoamericana y cuenta con una maestría en Ingeniera Ambiental. Sus últimos 12 años se han enfocado al desarrollo de políticas públicas relacionadas a calidad del aire y cambio climático enfocándose en los sectores de transporte y energía. Actualmente colabora con la Iniciativa de Transporte Sustentable Baja en Carbono.

About the Author

Deja un comentario


*