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Foto Flickr/Dalio Photo.
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Plástico y unicel: materiales prohibidos

En 1994, el gobierno de Dinamarca decretó un impuesto al uso de bolsas plásticas no biodegradables. A esta decisión se sumaron otros países de Europa y en 2002, el primer país en tomar la senda de la prohibición fue Bangladesh, al decretar que por ningún motivo podían usarse bolsas de plástico no biodegradable, además de imponer fuertes restricciones a la utilización de bolsas de plástico biodegradables.

A partir de la primera década del siglo XXI, comenzó a inaugurarse la era de la restricción de ciertos materiales que hoy forman parte de nuestra vida cotidiana, por los daños que ocasionan al medio ambiente y a la salud humana.

Cada vez más países gravan con impuestos, imponen prohibiciones y severas multas por el uso de materiales plásticos no biodegradables, ya sea porque se ha demostrado su impacto ambiental nocivo (las bolsas y las botellas de plástico, por ejemplo), porque su reciclaje es caro (el unicel o poliestireno) o todavía no es posible (los focos incandescentes y ahorradores, así como los popotes).

Actualmente, Dinamarca, Finlandia, Irlanda, Italia, Francia, Bangladesh, Bután, Sudáfrica, India, China, Taiwán, Tanzania, Ruanda, Kenia y Uganda gravan con algún tipo de impuesto o prohíben en algún grado el uso de bolsas de plástico, mientras otros como Australia, el Reino Unido o España aún debaten si la prohibición debe ser total o parcial.

Uno de los principales obstáculos para su desaparición ha sido que representan una importante, y barata, fuente de publicidad para diversas marcas y tiendas departamentales, quienes han abogado por sustituirlas por bolsas fabricadas de fécula de maíz, caña de azúcar, papa o cáscara de plátano. Sin embargo, por lo menos en el caso de los tres primeros materiales, la sustitución podría suponer una crisis alimentaria, pues tanto el maíz como la papa son alimentos muy populares en las dietas de buena parte de la población.

¿Qué pasa en México?

La reciente prohibición del unicel en la ciudad de Nueva York ha puesto de nuevo el tema en los medios de comunicación: ¿qué pasa en México? ¿Hasta cuándo las autoridades tomarán medidas para prohibir la producción y el consumo de bolsas de plástico, de vasos y de platos de unicel?

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) está buscando una prohibición global, pero no va a ser fácil. En México esta medida sólo se ha tomado en el Distrito Federal, cuando en marzo de 2009 la Asamblea Legislativa del DF aprobó modificaciones a la Ley de Residuos Sólidos para prohibir que se continuaran regalando bolsas de plástico en los establecimientos comerciales.

La prohibición entró en vigor el 19 de agosto de dicho año y se previó un plazo de un año de adaptación para los comercios, por lo que a partir de agosto de 2010 se empezarían a aplicar sanciones a los infractores.

Al año siguiente, en abril de 2010, la Asamblea Legislativa presentó una iniciativa para que se sancione hasta con 143 mil pesos a restaurantes y fondas que utilicen o regalen envases de unicel a sus clientes para transportar alimentos con el argumento de que el unicel tarda más de mil años en degradarse y se ha comprobado que afecta funciones hormonales y puede desencadenar problemas de tiroides, cáncer de mama y próstata.

¿Qué sucedió? A la fecha no se ha dado una resolución sobre esta iniciativa y los restaurantes siguen usando estos recipientes para empacar comida sin ningún tipo de sanción.

Según la Secretaria del Medio Ambiente del DF (Sedema), cada habitante de esta ciudad usa 150 bolsas en un año, y de acuerdo con La Jornada, en todo el país se producen 60 mil toneladas de unicel, por lo que ambos materiales representan la mayor parte de los residuos sólidos plásticos que se desechan anualmente.

La desintegración las bolsas de plástico y el unicel tarda entre 150 y 500 años; y a diferencia de otros países que reciclan entre 30 y 60% de la basura de este tipo, en México apenas se recupera el 12%.

Leyes e inventos no es lo que hace falta, pues estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con el financiamiento de la principal productora de unicel en el país, Dart, consiguieron desarrollar una máquina capaz de reducir los costos del reciclaje de unicel, lo que falta es voluntad política para acelerar la discusión de las iniciativas de ley referentes al uso de los plásticos más comunes en la vida de los mexicanos y una intensiva campaña de educación ambiental, para que comprendamos el alcance del “úsese y tírese” que promueve el consumismo y su fuerte impacto en el entorno.

Con información de bbc.com, cnnexpansion.com, huffingtonpost.com,  jornada.unam.mx, money.cnn.com, unam.mx

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